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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 292

Capítulo 292 Pero Adrián no se detuvo por eso. Siguió llamando, y por supuesto, Santiago ya no contestó.

Cuando Olivia salió de bañarse, el teléfono sonó una vez más.

Al ver que era Adrián en la pantalla, dudó si contestar o no.

—Ya le contesté una vez, espero que no te moleste.

No sabe dónde está tu abuelita, solo fue... —Santiago no terminó de decir qué había sido exactamente.

La duda de Olivia era justamente por eso: si no tenía noticias de Mercedes, entonces no había razón para contestar. Tampoco tenía ganas de enredarse con él.

Así que Adrián Ilamó una y otra vez, sin que nadie volviera a responder.

Adrián estaba sentado en su oficina, mientras afuera lo esperaba un grupo de personas.

—¿Qué pasa? Ya es hora de la junta, ¿el señor Vargas sigue ocupado? —preguntó Beto al acercarse.

La asistente puso cara de apuro.

—Ya le avisé varias veces, pero el señor Vargas no ha salido.

—Déjame ver. —Beto tocó la puerta y entró—. Adri, ¿ todavía no terminas? Todos te están esperando para la junta.

—Ya voy. —Adrián por fin guardó el teléfono y se levantó.

En la sala de juntas, los altos directivos y parte de los mandos medios ya estaban sentados, solo faltaba Adrián.

—Disculpen, tuve un asunto que me retrasó.

Empecemos. —Adrián tomó asiento, aunque seguía algo distraído.

Beto tomó la palabra.

—Hoy vamos al punto. Corporativo Rossi, la empresa más grande del sector a nivel mundial; supongo que todos la conocen. Según se sabe, el viejo Rossi ya falleció y el heredero es su único hijo, Gabriel Rossi.

Beto salió con él y, al verlo así, no pudo evitar decir:

—Adri, quédate tranquilo. Esta vez la alianza va a salir bien, ya hice contacto con Lorenzo Quiroga.

Adrián asintió, aunque en ese momento lo que traía en la cabeza no era precisamente el asunto de Corporativo Rossi.

—No es por meterme, Adri, pero que este año estemos estancados se debe en gran parte a que las dos alianzas anteriores no se concretaron. —Beto lo siguió hasta la oficina de presidencia.

Adrián se sentó y se apretó el puente de la nariz.

—Por eso mismo, esta vez solo nos queda tener éxito.

No hay margen para fallar.

—Adri, ¿tú crees en esas cosas de la suerte? —Beto se sentó cerca de él—. ¿No te parece que las dos veces anteriores fallaron por la misma razón?

Adrián solo lo miró.

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