Capítulo 65 ¿No se había ido ya con Paulina y los demás? ¿Qué hacía ahí de nuevo? Adrián todavía llevaba el traje de la cena y no se quedaba atrás frente a los otros hombres de la alta sociedad, aunque tenía el cabello un poco desordenado.
Estaba de pie en el último escalón, inmóvil, como si esperara a que ella bajara.
-¿Nos vamos por acá? -sugirió Julián.
Olivia asintió.
Cuando ambos se disponían a caminar hacia un costado, Adrián subió los escalones a toda prisa y se interpuso en su camino.
-¿Me viste y aun así pensaste en irte con otro?
preguntó con una calma que resultaba difícil de descifrar.
De hecho, lo ocurrido esa noche lo había afectado bastante. Si sentía algún rencor, lo más probable, siguiendo su costumbre, era que terminara culpándola a ella.
Ella sonrió divertida.
-¿No que querías que "ni nos conociéramos"?
-¿Cuándo dije yo algo así? -le reclamó él.
Le pareció que ese tipo de discusiones no tenían sentido. Afirmaba que lo había dicho, él lo negaba; ninguno tenía pruebas y aquello no acabaría nunca.
-Con permiso, señor Vargas -dijo ella e intentó pasar por su lado bajando la mirada.
Sin embargo, no esperaba que perdiera los estribos de esa manera; de pronto, se inclinó y la cargó en brazos.
-¿Qué estás haciendo? -exclamó ella, totalmente sorprendida.
Él no respondió, solo la sostuvo con firmeza mientras bajaba las escaleras.
Como la fiesta acababa de terminar y había gente pasando por todos lados, no podía ponerse a gritar ni a hacer un numerito; no estaba dispuesta a pasar esa vergüenza.
-Eres mi esposa -le advirtió él en voz baja-, así que más vale que le digas a tu amiguito Julián que no se pase de listo. Yo no soy de aquí y si me vuelvo loco no me importa perder el prestigio, ¿pero crees que el heredero de los Salazar se puede permitir que lo vean con la mujer de otro?
-¡Deja de pensar que todos son tan descarados como tú! -le reclamó ella, furiosa mientras la llevaba cargando.
A pesar de su enojo, no quería que Julián terminara envuelto en un escándalo amoroso por su culpa, así que le hizo una seña para que no los siguiera. Al final, ella tenía que volver a casa y no importaba mucho con quién lo hiciera.


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