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Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos romance Capítulo 111

El lugar estaba rodeado de agua por tres lados, ofreciendo una vista espectacular. Apenas se sentaron, un mesero les sirvió té y unos postres tradicionales que parecían pequeñas obras de arte; solo verlos era un deleite.

—Hoy en día estamos muy acostumbrados a la repostería internacional —comentó Pelayo—, pero desde que me puse a estudiar nuestra historia, le he tomado el gusto a los sabores tradicionales. Hoy te invité especialmente para que los pruebes y me des tu opinión.

—¿Ah? ¿Me trajiste a pasear todo este tiempo solo para que te ayudara con esto? —preguntó Talía—. No sé qué opinión podría darte. Además, al ver tanta comida deliciosa, lo único que sé hacer es comer.

Al decir esto, Talía tragó saliva con un poco de vergüenza. Los postres se veían tan exquisitos que se moría por probarlos.

Cuando era niña, Talía era muy juguetona y nunca le prestó mucha atención a las clases de historia o literatura.

Más adelante, cuando estudiaba diseño, descubrió que la indumentaria antigua era fascinante y hermosa. Por eso investigó un poco sobre las tradiciones de la época, pero su conocimiento se limitaba estrictamente a la moda.

En cuanto a la comida, solo sabía disfrutarla. Pedirle una opinión experta era demasiado difícil.

—No intentes engañarme —sonrió Pelayo—. Vi la colección con la que ganaste el premio mundial de diseño, además de tus otros trabajos. ¿Pretendes que crea que no sabes nada de nuestras tradiciones?

Talía se sorprendió al escuchar eso.

No se esperaba que Pelayo Montero hubiera visto sus diseños anteriores.

Muchos sabían que ella había ganado el premio al mejor diseñador revelación del mundo, pero pocos conocían exactamente qué había creado, y ella rara vez lo mencionaba desde que había regresado.

Era cierto, la colección que la hizo famosa incorporaba muchísimos elementos tradicionales. Talía había pasado horas investigando estilos históricos para crear esos trajes, y nunca imaginó que terminaría ganando un premio internacional.

—Pero yo solo sé diseñar ropa —se defendió—. De postres no tengo ni idea.

Talía era una amante de la buena comida, de eso no había duda, pero en la cocina era un desastre. Le encantaba comer, pero hacer una crítica culinaria era otro nivel.

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