—Hablas demasiado. Ya es tarde, apúrate —dijo el niño, intentando cambiar de tema.
En ese justo momento sonó el celular de Talía.
Al ver que era Pelayo, contestó de inmediato.
—Hola, belleza. Ya estoy abajo. Sé que necesitan tiempo para arreglarse, así que tómense los minutos que necesiten —se escuchó la voz suave y bromista de Pelayo.
—Menos charla. Ya estamos listos, bajamos en un minuto.
Poco después, Talía, espectacular con su vestido, y los dos niños elegantemente arreglados salieron del edificio. Pelayo se quedó admirando desde lejos a la despampanante mujer y a los adorables gemelos.
—Tío Pelayo, ¡nuestra ropa combina! —exclamó Tessa. La niña llevaba un vestidito de princesa blanco con toques rosados, y Tiago lucía un elegante traje blanco.
Por coincidencia, Pelayo llevaba su habitual traje blanco con un pañuelo rosa asomando sutilmente en el bolsillo. Juntos daban la impresión de ser una familia perfectamente conjuntada, mientras que Talía, enfundada en un sensual y entallado vestido oscuro, resaltaba en claro contraste.
El comentario de la niña los hizo reír a ambos, dejando a Talía sin saber muy bien qué decir.
—Así es. Hoy tú eres mi pequeña princesa, y yo seré tu caballero. ¿Me harías el honor de ser mi acompañante para esta velada? —Pelayo se agachó con elegancia y le tendió la mano.
—¡Por supuesto! —Tessa, imitando a las heroínas de los cuentos que veía en televisión, levantó delicadamente un dedo y depositó su manita regordeta en la de Pelayo con una sonrisa radiante.
—Basta ya de teatro, cualquiera diría que ustedes son los nominados a los premios de esta noche. Vámonos, o llegaremos tarde —interrumpió Talía, enormemente divertida con la escena.
Cuando llegaron al recinto, el lugar ya estaba lleno de invitados. Apenas se bajaron del auto, Laura, la representante de Gema, corrió hacia ellos alarmada.

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