Tomás no dudó, tomó el vaso y se lo bebió de un solo trago.
—Déjalo descansar. Hoy debió haberse llevado el susto de su vida.
—¿Y Tessa?
Al no ver a la niña, a Gema se le hizo un nudo en el estómago otra vez.
—Aún no aparece. Ya mandé gente a conseguir la lista completa de todos los que asistieron al evento. Alguien la sacó de ahí. Si revisamos los nombres uno por uno, seguro daremos con ella en cualquier momento.
No le preocupaba no encontrarla, le preocupaba que hubiera salido herida durante el temblor; de lo contrario, con lo mucho que la habían buscado, ya la habrían hallado.
Al escuchar sus palabras, Gema no supo si sentir alivio o más angustia.
***
A la mañana siguiente, Tessa fue despertando lentamente de su sueño. Medio adormilada, al darse cuenta de que no estaba en su habitación, el pánico la invadió de golpe.
Recordaba vagamente que ayer se había separado de su hermano y de la Tía Gema en la premiación, y que después la gente la había empujado, pero... ¿cómo había llegado hasta allí?
Se bajó de la cama, y sin siquiera ponerse zapatos, salió corriendo por el pasillo.
Abrió la puerta y se topó con una casa enorme, lujosa y silenciosa. Tessa miraba confundida, buscando una salida.
No había fotos en las paredes ni nada que le diera una pista de dónde estaba.
Bajó las escaleras y, al llegar a la inmensa sala, vio a un hombre sentado a la mesa. Estaba bebiendo una taza de café mientras leía el periódico.
El gran periódico le cubría por completo la cara, así que Tessa no podía ver quién era.
Lo observó con desconfianza, tratando de descifrar si era un héroe o un villano, si la había salvado o si la había secuestrado.
Su mami preciosa siempre le decía que tuviera cuidado con los secuestradores, que eran personas crueles y sin corazón.

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