—¡Sube al auto, los llevaré a la escuela! —El tono de Luciano se elevó, impregnado de esa autoridad que jamás aceptaba un «no» por respuesta.
Tras un par de segundos de silencio tenso donde nadie se movió, los ojos de Luciano parpadearon y, de pronto, suavizó el tono.
—Anoche prometiste que me acompañarías a desayunar. Ayer no comí absolutamente nada en todo el día, y me quedé esperándote. ¿Acaso planeas romper tu promesa?
Al escuchar eso, no solo Talía, sino también Tessa y Tiago sintieron la imperiosa necesidad de cubrirse la cara con las manos.
¿En serio un hombre de su edad estaba haciendo un berrinche en medio de la calle? ¡Qué vergüenza!
Era doloroso de ver. Simplemente penoso.
La opinión que Tiago tenía sobre el padre canalla volvió a desplomarse.
Si la calificación máxima era un diez, antes de abrir la boca ya iba por un seis. Ahora, acababa de caer directamente a un cuatro.
Talía seguía sin querer subir al auto. No era por orgullo herido, sino porque temía que los niños hablaran de más durante el trayecto y terminaran revelando algo que despertara las sospechas de Luciano.
Pero antes de que pudiera encontrar una excusa válida, Luciano tomó el control de la situación.
Abrió la puerta trasera de un tirón y, agarrando a un gemelo con cada mano como si fueran un par de muñecos, los levantó del suelo con total facilidad.
—¡Luciano! ¡¿Qué haces?! —exclamó Talía, presa del pánico.
Pero para cuando reaccionó, los dos pequeños ya habían sido depositados en el asiento trasero.
A Tessa no le importó mucho; de hecho, le pareció divertido volar por los aires, como un juego improvisado.
Tiago, por el contrario, estaba furioso. De por sí, su impresión sobre Luciano era pésima, pero ver a este sujeto actuar de manera tan tosca, salvaje y prepotente fue la gota que colmó el vaso. Su calificación pasó de un cuatro a un cero rotundo.
¡Este papá era de lo peor! Algún día le daría una buena lección, lo juraba.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos