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Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos romance Capítulo 204

Además, ¿no era demasiada coincidencia? Justo cuando la familia de Sara atraviesa la peor de las crisis, alguien de Modas del Río aparece de la nada ofreciendo comprar diseños, y por la cantidad exacta que Sara necesitaba desesperadamente.

¿Y por qué Kevin volvió a atentar contra su vida justo al día siguiente de que Sara rechazara el trato? Sobrevivir a una caída de un edificio ya era un milagro, pero fallar en un segundo intento de suicidio en el hospital y ser salvado en el último segundo... Aunque Talía no le deseaba el mal a Kevin, no podía evitar preguntarse si realmente todo había sido fruto del azar.

Tenía la sensación de que las piezas no encajaban.

Las intenciones de Modas del Río eran oscuras, y el momento de las tragedias de la familia Escudero era demasiado conveniente.

Cuando Talía le compartió sus dudas a Luciano, él simplemente sonrió.

—¿De qué te ríes? —preguntó ella, frunciendo el ceño, molesta por su actitud.

—Me río porque veo que no eres tonta. Te diste cuenta de que algo no cuadra.

Era evidente que esto era una trampa meticulosamente diseñada para destruir a Talía, y la familia de Sara solo había sido un peón en el tablero.

«Pero, ¿quién se tomaría tantas molestias para armar un complot tan grande contra ella?», pensó Luciano, mientras una frialdad implacable asomaba en su mirada.

—No es difícil de deducir. Tres millones de pesos... Mis bocetos no son baratos, pero tampoco valen tanto, seamos honestos. Nadie con sentido común optaría por robarlos cuando podría contratarme por los canales legales. Es obvio que hay algo raro en todo esto.

—¿Tienes algún enemigo? Alguien dispuesto a gastar esa fortuna solo para arruinarte.

Luciano la miró fijamente, con total seriedad.

Él también había investigado a fondo, pero no había logrado descubrir quién movía los hilos detrás de Modas del Río, lo cual le resultaba sumamente extraño.

Modas del Río era una empresa que había crecido de forma meteórica en los últimos años. Sin embargo, el representante legal registrado en los documentos era una simple mujer de provincia, claramente un prestanombres. Aún estaba intentando dar con el verdadero dueño.

—No que yo sepa —respondió Talía con sinceridad.

Desde que había regresado al país, había mantenido un perfil muy bajo. Salvo los eventos estrictamente necesarios, no asistía a fiestas ni se relacionaba demasiado con la gente.

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