Talía pensó que Luciano estallaría de rabia; después de todo, sus palabras habían sido bastante duras y, conociendo su arrogancia habitual, lo normal era que perdiera los estribos.
Sin embargo, jamás imaginó que su primera pregunta sería esa.
¿Acaso importaba cuándo había vuelto?
¿O tal vez él pensaba que ella había muerto hace cinco años?
Claro, hace cinco años Corporativo Lara hundió al Grupo Blasco, llevándolo al borde de la quiebra. Su padre se lanzó de un edificio, la mansión familiar fue subastada, y ella y su madre terminaron en la calle. Sin la empresa de su familia y sin los Lara, ¿no era ella un simple perro callejero?
Si Tristán Iturralde no la hubiera salvado en aquel entonces, ¡probablemente ella y sus bebés habrían muerto!
Al recordar aquello, una fría escarcha cubrió los ojos claros de Talía.
—Me parece que mi regreso no es un asunto que le incumba, señor Lara.
—¿Cómo no va a incumbirme? ¡Eres mi esposa! —replicó Luciano por instinto.
—¡Exesposa! Si la memoria no me falla, nos divorciamos hace cinco años. ¡Le sugiero que no sufra de amnesia selectiva, señor Lara!
Talía lo miraba con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. La voz que usó para dirigirse al hombre que había amado durante tantos años —y que jamás la amó a ella— estaba más helada que nunca.
Hace cinco años, ella había salido del hospital arrastrándose, humillada, con aquel acuerdo de divorcio en las manos. ¿Acaso él ya lo había olvidado?
¿Con qué cara se atrevía a pararse frente a ella y llamarla "su esposa"?
¡Qué chiste tan malo!
Al escuchar sus palabras, el ceño de Luciano se frunció todavía más, marcando arrugas de tensión en su frente. La miraba con ojos llenos de emociones encontradas.
No esperaba que, tras cinco años de no verse, Talía le hablara con ese tono burlón, frío y cargado de sarcasmo.
Esta mujer había desaparecido sin dejar rastro durante años. ¿Acaso no tenía la menor intención de escuchar su versión?
¿Acaso él había sido el único que sufrió un infierno durante todo este tiempo?
Al recordar los eventos de hace cinco años, Luciano sintió la urgencia de explicarle todo, de decirle que nunca quiso entregarle ese acuerdo de divorcio, ¡de confesarle que todo había sido un terrible malentendido!

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