En el extranjero, en la habitación de un lujoso hotel.
Después de una jornada laboral agotadora, Liam Santillán se quitó los zapatos de vestir y caminó descalzo por la habitación.
Mientras avanzaba, se despojó del saco del traje y lo arrojó descuidadamente sobre el sofá, luego levantó la mano y se aflojó la corbata con un tirón perezoso.
Se sirvió un vaso de agua y sacó su celular.
El chat grupal estaba inundado de mensajes sobre la boda de Nerea.
En un acto de masoquismo, abrió el chat y se encontró de frente con una foto del momento exacto en que Leonardo y Nerea intercambiaban los anillos, sellándolo con un beso apasionado.
Todo era un derroche de elegancia: luces deslumbrantes, confeti, fuegos artificiales... y los aplausos resonando en el fondo.
¡Clac! Liam volteó el celular y lo golpeó contra la barra.
Sacó un cigarrillo y su encendedor, y se acercó a la ventana, observando las luces parpadeantes de la ciudad extranjera.
Se escuchó un "clic", encendió el cigarrillo, lo sostuvo entre los dedos y dio una calada profunda.
Hoy era el día de la boda de Nerea.
Había programado este viaje de negocios al extranjero específicamente para esta fecha, en un intento desesperado por huir y no estar presente.
Pero al final, no logró su cometido.
Terminó viendo con sus propios ojos cómo se casaba.
Viéndola caminar hacia el altar por segunda vez.
Y nuevamente, el novio no era él. Vaya fracaso de vida.
Liam esbozó una sonrisa cargada de amargura y murmuró en un tono casi inaudible: —Entonces... que seas muy feliz.
—¡Felicidades en tu boda, Nerea!
Justo en ese instante, entró una llamada de Martina Santillán.
Liam sabía perfectamente por qué su hermana le estaba marcando.
Seguramente estaba preocupada por él.
Inhaló profundamente, ajustó sus emociones para recuperar su habitual tono cálido y sereno, y contestó la llamada sin dejar que se notara la mínima grieta en su voz.
—Dime, Martina.
—Hermano... —Martina hizo una pausa, como si buscara las palabras adecuadas, y optó por una pregunta segura—. Mamá me pidió que te pregunte, ¿has estado comiendo a tus horas?
Liam soltó una carcajada ligera. —Dile a mamá que no se preocupe, estoy comiendo bien todos los días.
—Cuídate mucho por allá y regresa pronto, te extrañamos.
—Claro, les llevaré regalos cuando vuelva.
¿Sería posible?
Sus ciclos menstruales siempre habían sido irregulares; a veces pasaban meses sin que le bajara, así que cuando no vio rastro de su periodo este mes, ni siquiera le prestó atención.
Pero al recordar la locura de aquella noche, un escalofrío le recorrió la espalda.
Esa noche, usaron todos los preservativos que había en la habitación del hotel, y en la última ronda, simplemente se dejaron llevar por el instinto, sin protección.
No solo eso, sino que ella se había quedado completamente dormida por el agotamiento y no tuvo tiempo de ir al baño.
Al día siguiente fue directo a la farmacia a comprar la pastilla del día después.
Pero ningún anticonceptivo es efectivo al cien por ciento. Últimamente se sentía agotada, sus gustos al comer habían cambiado drásticamente y ahora el olor a grasa le revolvía el estómago... ¿Acaso...?
¿De verdad estaba embarazada?
...
Por la noche, en la suite nupcial.
Leonardo le entregó todas sus tarjetas bancarias a Nerea. —Mi amor, el NIP es tu fecha de cumpleaños.
Nerea miró el montón de tarjetas en sus manos y levantó la vista hacia él. —¿Me las das todas?
Leonardo respondió con total naturalidad: —Eres mi esposa, claro que todo es para ti. De ahora en adelante, solo pásame una mesada cada mes y con eso estoy bien.

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