Dicho esto, miró a Liam.
—Y bien, ¿qué has decidido?
Jaime nunca había visto a alguien tan despreciable y descarado. Apretó la mandíbula y cerró los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Si Nerea no lo estuviera deteniendo, ya se le habría ido encima a golpes.
Liam dijo con tono de disculpa:
—Lo siento, Cris. La Directora Galarza salvó mi vida y la de mi hermana. En cuanto a la penalización por romper el acuerdo de cooperación...
Al llegar a ese punto, miró a Nerea.
—Basta con pagar el monto estipulado en el contrato —dijo Nerea, abriendo la carpeta con una mano hasta la página de la cláusula de indemnización y deslizándola sobre la mesa.
Cristian sabía perfectamente de cuánto era la multa. Aunque no era una cantidad exorbitante para él, apenas unos cientos de millones de pesos, no quería dárselos.
Cristian miró a Liam.
—Luego nos tomamos un trago. Me voy.
Después de que Cristian se marchó, Liam miró a Jaime y a Nerea con dolor de cabeza.
—Lo siento.
Jaime, que desde el principio no quería colaborar con el Grupo Vega, ahora estaba furioso por cómo habían terminado las cosas. Tenía tantos prejuicios contra Liam en ese momento que lo ignoró por completo.
Nerea le dio una palmada en la espalda.
—Ahora eres el director de una empresa, no seas tan emocional. El señor Santillán no nos ha hecho nada malo; al contrario, te ayudó en el pasado, ¿o ya se te olvidó?
—Perdón, señor Santillán —dijo Jaime con los ojos enrojecidos de la rabia—. Es solo que me revienta Cristian, ese desgraciado sinvergüenza. Que me trate como quiera a mí, ¡pero no puede tratarte así a ti!
Liam también se sentía bastante frustrado, así que esa misma noche citó a Cristian en el club de boxeo para desahogarse.
Ambos estaban de mal humor, por lo que los golpes fueron duros. Una hora después, los dos terminaron heridos, con la cara llena de moretones.
Fabián, al ver que se quitaban los guantes, se acercó con una bolsa de cervezas.
Sabía por qué Cristian estaba molesto, ¿pero a Liam qué mosca le había picado?
—¿Quién te hizo enojar? —preguntó Fabián.
Liam abrió una lata de cerveza con una mano y señaló a Cristian con la barbilla.
—¿Quién más? Él.
Fabián preguntó con curiosidad:
—¿Cómo te hizo enojar Cris?
—Cosas de negocios —respondió Liam despreocupadamente, chocando su lata de cerveza contra la botella que Cristian tenía en la mano—: Voy a colaborar con Jaime, y no quiero que te metas.
Cristian soltó un gruñido de afirmación.
Fabián dijo con insatisfacción:
—¿Tanto te gusta trabajar con Jaime y Nerea? ¿No hay nadie más con quien asociarse? ¿Sabes lo odiosa que fue Nerea esta vez? Se trataba de mi futuro sobrinito o sobrinita. No tienes corazón.
Liam respondió con resignación:
—Nerea nos salvó a Martina y a mí.
—¿Tú no la salvaste a ella también? Para mí, están a mano.
—Las cuentas no se sacan así.
De repente, Cristian recordó algo que Isabel le había dicho hacía mucho tiempo.
—Oye —Cristian le dio un golpe en el brazo a Liam—, ¿a ti te gusta Nerea?
—¡Pffft!
Fabián y Liam escupieron la cerveza al mismo tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio