Al ver a Nerea sentada afuera, él soltó una risa resignada.
—Tu colega bebe demasiado, tuve que salir a esconderme.
Nerea le sirvió una taza de té.
—Gracias.
Liam acarició la taza con los dedos y dijo:
—Sobre el asunto de Océano Grill, si necesitas ayuda, puedes decírmelo.
Nerea se sorprendió un poco, y luego se rio.
—¿Si Cristian se enterara, no se moriría del coraje? Si eso sirviera para matarlo de un infarto, hasta me darían ganas de pedirle ayuda al señor Santillán.
—No creo que se muera —dijo Liam tomando un sorbo de té—, pero probablemente me daría una paliza o dejaría de tratarme como su compa.
—Entonces mejor no te meto en problemas. —Nerea rechazó amablemente la ayuda de Liam con tono de broma.
Liam levantó la vista hacia Nerea. En la luz tenue, su mirada era indescifrable.
—Mientras él no se entere, está bien.
—¿Eh? —Una sensación extraña cruzó por el corazón de Nerea, pero antes de que pudiera procesarlo, Flora interrumpió sus pensamientos.
—¿Aquí se esconden?
Liam sonrió.
—La señora Reyes es demasiado intensa.
Charlaron un poco más y luego Liam se fue.
Flora se sentó en el lugar que Liam acababa de ocupar, encendió un cigarro y le preguntó a Nerea:
—¿Estás triste?
Nerea sabía a qué se refería.
Como socia de Nerea, Flora conocía la relación entre ella y Cristian, así como sus conflictos.
Nerea le sirvió también una taza de té.

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