Auditorio principal de la universidad.
El asiento de Cristian estaba en la primera fila. Esa zona estaba reservada para las figuras de peso: investigadores nacionales, políticos que salían en las noticias o magnates corruptos y poderosos como el propio Cristian.
Gracias a su conexión con Cristian, Isabel también consiguió un lugar en la primera fila.
Nerea y Samuel estaban en la tercera.
Samuel clavó la vista en las espaldas de Cristian e Isabel y soltó un bufido de coraje.
—Si no se te hubiera botado la canica y no te hubieras casado, ahorita estaríamos sentados en la primera fila.
Nerea le preguntó:
—¿Y qué hacemos? ¿Me encierro en el laboratorio en cuanto regrese y no salgo hasta que consigas asiento en primera fila?
Samuel soltó una risa nerviosa por el coraje.
—¿Me estás consolando o me quieres hacer enojar más?
Comenzó la celebración del aniversario. Varios personajes importantes subieron a dar discursos, seguidos por las presentaciones artísticas.
No se sabe a qué «genio» se le ocurrió la idea, pero decidieron sortear al azar a exalumnos famosos para que subieran a actuar y celebrar el centenario del alma mater.
El primero en salir sorteado fue Cristian.
Entre aplausos estruendosos, Cristian se levantó e invitó con elegancia a Isabel, que estaba a su lado.
Cristian e Isabel subieron juntos al escenario.
Él talentoso y ella hermosa; los aplausos en las gradas se intensificaron.
—¡¡¡Si hubiera sabido esto, no venía!!! —Samuel estaba a punto de reventar la botella de agua que tenía en la mano.
Nerea, en cambio, estaba muy tranquila.
—Ya estamos aquí, tómatelo como si estuvieras viendo animales de circo.
Animales, bestias. Lo mismo da.
Samuel volvió a reírse.
Cristian tocaba el piano como acompañamiento mientras Isabel cantaba una balada romántica.
La figura del hombre era elegante y encantadora, y la melodía, agradable; la mujer tenía una silueta esbelta, era bellísima y su voz sonaba dulce y melodiosa.
De vez en cuando se miraban con profunda devoción. La mirada de él era tierna y protectora; ella lucía una timidez dulce que provocó los gritos de emoción de muchos estudiantes.
—¡El colega toca el piano increíble! Me voy a desmayar.
—La compañera es guapísima y canta superbién, no le pide nada a una cantante profesional.
—¡Qué tiernos se ven! Se nota que están en plena luna de miel, esas miradas derraman miel.
Los oídos de Nerea se llenaron de todo tipo de elogios, pero su corazón estaba en calma, como el agua estancada. Ya nada de eso la lastimaba.
Tras la actuación, el presentador preguntó al público:
—¿Les gustó?
—¡Sí! —El grito fue ensordecedor.
El presentador sonrió.
—Hagamos algo. Tenemos aquí a cantantes de nivel profesional. ¿Qué tal si dejamos que Diego Zamora nos dé su opinión?
Como todos sabían, Diego Zamora era una leyenda en el mundo de la música: componía, cantaba y cada canción que sacaba era un éxito. Un talento puro.

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