Nerea: [Renté los departamentos de arriba, abajo y los lados para los guardaespaldas. Hay cámaras de vigilancia cubriendo todo el perímetro. ¿Alguna otra pregunta, señor Vega?]
Cristian: [¿A qué primaria va a ir?]
Nerea: [Ya se puso de acuerdo con Emilio para ir a la misma escuela pública, en el mismo salón. Tú encárgate del trámite. En cuanto a cómo ir, que se vaya en camión o caminando, como quiera.]
Cristian revisó el nombre de la escuela que Nerea le envió. Era una escuela pública común y corriente. Ni siquiera era un colegio privado, mucho menos uno internacional de élite.
—El nivel académico y las instalaciones de esa escuela son muy deficientes.
—Con el coeficiente intelectual que tiene Ulises ahora, da igual dónde estudie. Podría ser autodidacta en casa y aun así entraría a las mejores universidades del mundo. Ahora deberías preocuparte más por su desarrollo físico y mental. Además, ellos mismos eligieron esa escuela.
Cristian estaba muy ocupado con la empresa y no tenía tiempo para criar al niño, y su madre, Esmeralda, definitivamente no era apta para educarlo.
Así que no tenía calidad moral para criticar cómo Nerea quería criar a Ulises.
El asunto quedó decidido.
Días después, el brazo robótico de Ulises estuvo listo. Yago lo llevó personalmente a la casa.
Cristian llamó por teléfono: —¿Necesitas que papá te enseñe a usarlo?
—No, yo sé cómo.
Tras colocarse el brazo mecánico y ajustar los parámetros, Ulises se adaptó rápidamente.
Con entusiasmo dijo: —Papá, te cuelgo, voy a ayudar a mamá a cocinar.
—¿Tú vas a cocinar?
Yago ya se había ido. Preocupado de que pasara algo si cocinaba solo, Cristian no colgó la llamada.
Era la primera vez que Ulises entraba a la cocina con esa intención. Al principio sus movimientos eran inestables, pero poco a poco se volvió diestro.
Lavar verduras, picar, cortar carne, luego calentar el aceite... sus movimientos eran sorprendentemente fluidos.
—¿Cómo sabes cocinar? —preguntó Cristian, atónito al otro lado de la línea.
—Vi a mamá hacerlo un par de veces, y en mis ratos libres vi videos de cocina.
Cuando Nerea llegó a casa, el aroma a comida la recibió.
Se cambió los zapatos y entró a la sala, viendo los platos servidos con una presentación impecable. —Ulises, ¿pediste comida a domicilio?
—No. —Ulises salió de la cocina con un tazón de arroz.
Nerea notó de inmediato su mano: —¿Llegó tu brazo robótico? ¿Funciona bien?
—Más o menos, no es muy flexible, no puede hacer movimientos finos y la operación de las funciones es algo tediosa.
—Entendido, tomo nota —se escuchó la voz de Cristian desde el reloj inteligente de Ulises.
Ulises le dijo a Cristian: —Papá, voy a colgar, voy a comer con mamá.
Cuando Nerea se enteró de que Ulises había cocinado todo, se llevó una gran sorpresa. Probó la comida y el sabor la dejó maravillada.
Con razón te sale tan bien: tienes buen sazón.
Ulises respondió con voz hostil: —¿Hace rato? Fíjate en la hora.
—Perdón, papá estaba ocupado.
—Ya sé, ocupado romanceando con la amante.
—¡Ulises! —La voz de Cristian se heló.
Si fuera antes, Ulises se habría disculpado sumisamente, pero el Ulises de ahora no se iba a callar.
—¡Papá, Isabel casi mata a mi mamá! ¡Si no fuera por mamá, al que habría matado es a mí! Casi nos mata y tú sigues con ella.
Cristian explicó: —Ulises, la policía investigó, fue un accidente.
—¡No lo fue! —gritó Ulises furioso al teléfono.
¡En ese momento él vio la maldad en los ojos de Isabel! Pero como era un niño y estaba en mal estado físico y mental, la policía no tomó en cuenta su testimonio.
—Ella quería que mamá y yo muriéramos para poder casarse contigo y convertirse en la esposa del hombre más rico.
—Ulises —la voz de Cristian sonó resignada—, eres pequeño, no entiendes...
—Papá, te vas a arrepentir… y cuando pase, ya va a ser demasiado tarde.
Ulises colgó. Se le olvidó por completo que había llamado para pedir una computadora de alta gama.
El tiempo voló y llegó el día de firmar el divorcio. Esta vez, nada lo impidió...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio