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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 332

Aquello confirmaba indirectamente que Cristian era el esposo infiel y patán del que hablaba Nerea.

El internet tiene memoria.

Muy pronto, los usuarios más hábiles desenterraron toda la información sobre Isabel.

Isabel era la amante.

Después de todo, Cristian no había escatimado en llevar a Isabel a todo tipo de eventos sociales y de negocios para promocionarla.

Incluso asistieron juntos al aniversario de la Universidad Politécnica del Valle, donde ambos presentaron un número en el escenario. Esas miradas melosas habían causado la envidia de muchos.

Los medios los habían elogiado como la pareja perfecta, tal para cual.

Ahora, solo quedaban insultos.

[¡Lo sabía! Los hombres, en cuanto tienen dinero, se echan a perder. ¡El perfume de patán le queda pintado!]

[La mujer de la casa nunca huele tan bien como la fruta prohibida, ¿verdad?]

[Nerea tiene tanta clase, es guapísima y además es egresada de la Politécnica, súper talentosa. Ese tipo está ciego, no supo valorar el mujerón que tenía.]

[La tal Isabel no le llega ni a los talones a Nerea, ¿qué le vio el patán ese?]

[Es la amante, seguro es una fiera en la cama, ya saben cómo funciona esto.]

[Y todavía eligieron a Isabel como «Mujer Independiente de la Nueva Era» y «Empresaria Modelo». ¡Qué asco! Resultó ser una rompehogares venenosa. ¿Mujer independiente? ¡Si todo se lo pagó el macho!]

[Chisme de última hora: dicen que la empresa de Isabel, Grupo Vectorial, se la regaló el patán.]

...

Mansión Vega.

Cristian regresó del restaurante y fue directo a su sala de colecciones.

De entre todos sus tesoros invaluables, sacó aquel frasco de perfume que guardaba como si fuera su vida.

El perfume se había terminado hacía tiempo, pero aún conservaba un leve aroma.

Cristian tomó una lupa y finalmente vio la línea de texto en el fondo de la botella.

Era diminuta, más pequeña que una hormiga.

Decía: «Cristian, me gustas. Nerea».

Al ver esa pequeña inscripción, Cristian recordó la mirada clara y sonriente de Nerea en el video.

Cuando mencionó a su «amor platónico», ese amor intenso y sin reservas era como fuego.

Sintió como si le hubieran quemado el corazón; este se contrajo violentamente, dándole una sacudida dolorosa.

La mano de Cristian tembló y casi deja caer el frasco.

Su respiración se volvió pesada y sus ojos se inyectaron de sangre.

Un dolor sordo irradiaba desde su pecho hacia todo su cuerpo, calándole hasta los huesos, haciéndolo sentir miserable.

En ese momento, su celular sonó sobre la mesa. Era Yago.

Cristian contestó con voz ronca: —Habla.

—Señor Vega, terminé la investigación sobre la rencilla entre la familia Galarza y la familia Echeverría. Ya le envié todos los resultados a su correo.

—Bien.

Cristian colgó y miró el correo en su bandeja de entrada. De repente, sintió miedo de abrirlo.

Capítulo 332 1

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