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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 333

Y él había creído ciegamente en esas mentiras, sin dudar jamás, sin siquiera intentar verificarlo.

Incluso había presionado a Nerea para que firmara el divorcio por culpa de Isabel.

Había permitido que la familia Echeverría le quitara a Nerea el salón reservado para el cumpleaños de Doña Belén.

Había permitido que la familia Echeverría comprara la villa junto a la mansión Galarza.

Sabía perfectamente que la anciana estaba delicada de salud y no debía recibir disgustos.

Sabía que los Echeverría compraron esa casa no para vivir, sino para molestar a los Galarza.

Lo sabía todo.

Pero como no amaba a Nerea, no le importó y fue capaz de todo.

Cuando ella cayó por las escaleras, él solo miró con frialdad, indiferente.

Cuando cayó al mar, él lo vio y no la salvó; incluso en el fondo deseaba que ocurriera un accidente y ella muriera.

Si ella moría, él podría casarse con Isabel.

La encerró en el centro de detención, obligándola a entregar sus acciones del Grupo Vega, sin importarle si vivía o moría.

Una tras otra, todas sus acciones.

No era de extrañar que Nerea lo odiara.

Nerea nunca había hecho nada malo, su único pecado fue amarlo.

Incluso ayudó a la familia Vega a superar crisis, le dio un hijo y cuidó del hogar.

¿Y él? ¿Qué había hecho?

Pasearse con Isabel por toda la ciudad, sin darle a su esposa ni una pizca de respeto.

Por culpa de Isabel, la había lastimado hasta dejarla en carne viva.

Por Isabel estaba dispuesto a todo.

¿Y para qué?

Cristian se sentó en su estudio, con un aspecto lamentable.

Se sentía patético y ridículo.

Isabel había jugado con él durante diez años con sus mentiras.

Nerea tenía razón al decir que estaba ciego.

¡Se lo merecía!

Cristian tomó la cajetilla, encendió un cigarro y dejó que el humo difuminara el profundo dolor en sus ojos.

Después de fumar tres cigarros seguidos, pareció tomar una decisión.

Tomó su celular y abrió el chat de Isabel.

[Isabel, terminamos.]

...

Cristian e Isabel tenían un pacto de tres reglas.

Una de ellas era: no mencionar la palabra «terminar» a la ligera, pues dañaba la relación.

Antes de esto, por muy enojado que estuviera Cristian, jamás había usado esa palabra; simplemente la ignoraba.

Por eso, cuando Isabel vio el mensaje, salió disparada del hospital, presa del pánico.

Sabía que Cristian hablaba en serio.

¡Cristian iba a romper con ella de verdad!

Cristian ya no la quería. Estaba a punto de perder su mayor respaldo, su mejor arma.

Un miedo inmenso, oscuro como la noche, se apoderó de ella.

¡No, eso no podía pasar!

Capítulo 333 1

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