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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 334

Ojo por ojo, diente por diente.

Ver a Isabel llorando y suplicando como un perro callejero afuera de la casa le provocaba un placer inmenso.

Todo el coraje que había reprimido por tanto tiempo finalmente se liberaba.

Se sentía renovada, como si hubiera rejuvenecido diez años.

La nieve caía cada vez con más fuerza. Isabel permaneció inmóvil frente al portón de la Mansión Vega, como una estatua fiel, con la mirada clavada en la casa.

Estuvo ahí parada durante ocho horas.

Nerea se echó una siesta en el coche. Cuando despertó, el portón de la mansión se estaba abriendo lentamente.

Cristian salió.

Isabel se llenó de alegría e intentó correr hacia él, pero después de ocho horas de pie en el frío, sus piernas estaban entumecidas.

Tropezó y cayó de bruces, levantando una nube de nieve.

Desde el suelo, en medio de esa escena casi poética, levantó la cabeza para mirar a Cristian, que sostenía un paraguas.

La sangre en su frente se había coagulado, su rostro estaba lívido, sus pestañas tenían escarcha y sus ojos estaban rojos.

Cualquiera que la viera diría que se veía hermosamente trágica.

Esa imagen despertaba el instinto protector de cualquier hombre.

Ella estiró la mano y agarró el pantalón de Cristian, murmurando débilmente: —Cris, por favor...

Isabel soltó la tela y se desmayó.

Cristian la miró desde arriba. Un minuto, dos minutos, tres minutos... finalmente se agachó y la cargó.

Al final de cuentas, era la mujer que había amado. Aunque fueran a terminar, no soportaba verla así.

Además, Isabel había estado ocho horas bajo la nieve helada; esta vez no podía ser un desmayo fingido.

...

Mientras Cristian llevaba a Isabel al hospital, Nerea subió a internet el video de Isabel arrodillada pidiendo volver.

Era la hora pico; en el metro, en el autobús, todo el mundo estaba pegado a su celular.

El video se hizo viral al instante. Millones de reproducciones, compartidos y comentarios.

Todo el país se enteró de que Cristian había botado a Isabel.

[¿El patán se dio cuenta de lo que valía su ex y mandó a volar a la amante?]

[Digna de su profesión de amante: calculadora y manipuladora. ¡Se apretó la herida al bajar del coche para que sangrara! ¡Qué miedo!]

[¿Planeaba quedarse ahí toda la noche? Hagan sus apuestas: ¿el patán se ablandará?]

[¡Qué tenacidad la de la fulana, ocho horas parada! ¡Con razón logró engañar al magnate!]

[Ya le abrió la puerta y se la llevó al hospital. ¡Sabía que iba a caer!]

[¡Es fingido! ¡El desmayo es puro cuento! ¡Hagan zoom al video, se ve clarito!]

[Esta mujer es una maestra, nivel dios. No le tiene miedo al dolor ni al frío, y actúa mejor que nadie. Si estuviera en una telenovela, sería la villana que llega al final.]

Todo el mundo analizaba cuadro por cuadro el video de Isabel rogando en la nieve.

Isabel se hizo famosa de verdad.

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