Isabel había perdido toda vergüenza, ya no le quedaba ni una pizca de dignidad.
Si el video le había arrancado la última capa de respetabilidad, los comentarios y burlas de la gente habían pisoteado su orgullo y autoestima hasta hundirlos en el lodo.
La familia Echeverría mandó a alguien a recoger a Isabel del hospital.
En el camino, la gente los señalaba y murmuraba.
—Mira, mira, es la «amante profesional». Hace rato el magnate salió de su cuarto echando humo, seguro la mandó a volar.
—¿Esa es la del video? ¿Por qué una chica bien se mete de amante? ¿Qué le enseñaron sus papás?
—Dicen en internet que toda su familia es igual, que ser «la otra» es tradición familiar.
—¡No manches! ¿En serio? ¿Qué clase de familia es esa? Ni que estuviera fea para no conseguir novio, ¿qué necesidad de destruir un hogar?
—No entiendes, no cualquiera es el hombre más rico de la ciudad. Dinero, poder y guapo. Dicen que su empresa se la regaló él. ¿Ya ves por qué lo hace? Unos años de acostarse con él y pum, empresa multimillonaria gratis.
—Qué poca madre, romper una familia así. Qué descarada. En otros tiempos, a las zorras como ella les escupían en la calle.
Los cuchicheos los siguieron todo el camino.
Aunque Isabel había fingido el desmayo final, sí había estado ocho horas parada; estaba pálida y sin fuerzas para defenderse.
Lucía quería irse rápido y evitar problemas, pero los comentarios eran tan hirientes que explotó: —¡Cierren la boca! Se creen todo lo que ven en internet. ¿No tienen cerebro o qué? Si siguen hablando, los demando por difamación.
La gente se dispersó un poco, pero en ese momento, una horda de reporteros se les echó encima.
Un reportero le puso el micrófono en la cara: —Señorita Echeverría, en redes dicen que usted es una rompehogares. ¿Qué tiene que decir al respecto?
Isabel, blanca como el papel, respondió: —Sin comentarios. Con permiso.
El reportero no se movió y siguió acosando: —Entonces, ¿niega haber destruido el matrimonio del señor Vega?
—¡No! ¡Claro que no! Mi hija y Cris se aman libremente. ¡Quítense, dejen de grabar! —Lucía protegió a Isabel con su cuerpo.
Los reporteros se volvieron más agresivos: —Fuentes del registro civil confirman que el señor Vega y Nerea apenas se divorciaron este año. Pero usted y él ya andaban muy cariñosos el año pasado en el aniversario de la universidad. ¿Cómo explica eso?
—¡Lárguense! ¡No pregunten más! ¡Esto es un hospital, respeten!
—Señorita Echeverría, si no contesta, ¿es porque acepta su culpa?
—Señorita, conteste: ¿es usted la amante o no?
—¿Ya cortaron usted y el señor Vega?
—¿El Grupo Vectorial fue un regalo por sus servicios?
Isabel se sentía mareada, las preguntas zumbaban en sus oídos y la aturdían.
Finalmente, puso los ojos en blanco y se desmayó de verdad.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio