—Es que siento que dejar la empresa tirada y que tú tengas que hacerla de papá y mamá, y encima venir aquí a poner buena cara, no está fácil.
Samuel soltó una risa enojada.
—Tú eres la que pone buena cara.
—¿Aguantas todavía? ¿Seguimos?
—Vámonos.
En el banquete, los hombres iban de traje, caballerosos y distinguidos; las mujeres, con vestidos elegantes.
La gente se agrupaba en pequeños corrillos, charlando, intercambiando información y contactos, estrechando lazos.
Samuel vio a un conocido y llevó a Nerea hacia allá. Estaba a punto de saludar cuando vio a Noa Vega parada en medio del grupo.
Alguien había estado tapando a Noa, así que Samuel solo la notó al acercarse.
Samuel soltó una maldición por lo bajo y se disponía a llevarse a Nerea, pero el conocido los llamó.
—¡Señor Aranda!
Samuel no tuvo más remedio que poner una sonrisa forzada y acercarse.
—¡Señor Reyes, cuánto tiempo!
Noa miró a Nerea junto a Samuel y arqueó ligeramente una ceja. Miró de reojo a Cristian, que no estaba lejos, y creyó adivinar el propósito de Nerea al estar allí.
Noa aún guardaba rencor por la vez que Nerea la dejó plantada. La malicia creció en ella y su tono fue desagradable:
—Nerea, ¿qué haces tú aquí?
Samuel la miró con frialdad.
—Señora Vega, Nerea es mi socia, es la vicepresidenta de la empresa. ¿Usted qué cree que hace aquí?
—¿Ella? —Noa soltó una risa burlona y miró a Nerea de arriba abajo con desprecio—. Señor Aranda, no la levante tanto. Se graduó de la universidad y se fue directo a su casa a cuidar niños. Es una ama de casa que nunca ha trabajado, no sabe nada. ¿Tan bajos son los estándares del señor Aranda para sus socios?
Samuel mentó a las dieciocho generaciones de ancestros de la familia Vega en su mente. Su aura se volvió más fría y su boca disparó como ametralladora:
—Señora Vega, la empresa de la familia Robles lleva casi un año en pérdidas, ¿verdad? Si no fuera por el respaldo de Grupo Vega, ¿seguiría usted parada aquí? ¿No estaría ya en su casa cuidando niños? ¿Con qué cara se atreve a despreciar a las amas de casa?
—Las amas de casa solo tienen un lugar de trabajo y funciones diferentes; son mujeres dignas de respeto. Usted, como mujer, debería entenderlas y tener empatía. ¿O será que…?
—¿Será que como su marido no sirve para nada y usted no puede darse el lujo de ser ama de casa, se le pudrió el alma de pura envidia?
El apellido de casada de Noa era Robles. Su esposo era un vividor que no servía para nada; la empresa de la familia Robles se sostenía gracias a Noa, y Noa se sostenía gracias a Cristian. Solo por eso no habían quebrado.


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