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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 732

—¡Ah, ya me acordé! —continuó Alejandra con fingida inocencia, destilando veneno—. Tenías las piernas rotas, dabas lástima, estabas hecho una piltrafa humana. Hasta supe que te querías suicidar en tu casa. Qué patético. Un hombre hecho y derecho queriéndose matar por una cualquiera.

Alejandra tenía una lengua tan afilada que cada palabra era una puñalada directa al orgullo de Kevin. Dio justo donde más le dolía. Había ganado ese asalto.

El rostro de Kevin se tornó sombrío por el coraje, las venas de su frente resaltaban y apretaba los puños con tanta fuerza que le crujían los nudillos. Parecía que en cualquier segundo se le iba a echar encima para matarla a golpes.

Juanjo veía todo aterrado, temblando de que volvieran a agarrarse a golpes, secándose el sudor de la frente. «Chamba es chamba, pero qué friega», pensó el oficial.

Rápidamente jaló a Kevin a un lado y le susurró:

—Hermano, si esto se hace más grande, ninguno de los dos sale ganando. Eres un caballero, no te rebajes a pelear con una mujer.

En el fondo, ninguno de los dos quería ir a la delegación ni que sus familias se enteraran. Pero tampoco estaban dispuestos a tragarse su orgullo, disculparse y dejar pasar el coraje entripado que traían.

Así que ambos, con un humor de perros, decidieron arreglarlo con alcohol. El primero que ya no pudiera beber, tendría que rendirse y pedir perdón. Nada de castigos extraños, solo tomar hasta caer.

El cantinero trajo las botellas. Sin decirse una sola palabra, empezaron a tomar. Copa tras copa.

Así se echaron cuatro botellas seguidas, hasta que finalmente los dos colapsaron.

Juanjo se había quedado todo el tiempo para evitar una tragedia. Al verlos desmayados por la borrachera, soltó un suspiro de alivio y les ordenó a los choferes que se los llevaran. Aunque los choferes también estaban magullados por su propia pelea, aún podían moverse.

El chofer de Kevin lo sostuvo para sacarlo del bar. Kevin, arrastrando las palabras y señalando a Alejandra con torpeza, gritó:

—¡Alejandra, pídeme perdón, cabrona!

Alejandra, apoyándose con brazos temblorosos, logró sentarse a medias y balbuceó:

—¡Todavía aguanto! ¿De qué carajos te voy a pedir perdón? ¡Si te quieres largar, lárgate, pero pídeme perdón primero!

Kevin empujó a su chofer.

—¡No me voy! ¡Todavía puedo tomar! ¡Órale! ¡Te voy a ganar!

—¡Órale, a ver quién cae primero! —Alejandra se arremangó, se puso de pie a duras penas y subió un pie a una silla—. ¡Vas a terminar rogándome de rodillas!

Kevin también subió el pie a una silla y le gritó en la cara:

—¡Sigue soñando!

Ambos eran tercos como mulas y ninguno estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. Al final, los dos terminaron con una hemorragia gástrica por congestión alcohólica.

Ya en la ambulancia, Kevin, aterrado de que Juanjo le fuera con el chisme a su abuela, aguantó el dolor punzante en el estómago, agarró la mano del oficial y le suplicó:

—No le digas nada a mi abuela...

Juanjo, que se había ido con ellos para asegurarse de que no se murieran en el camino, asintió rápidamente como si consolara a un niño:

—No le voy a decir nada, tú tranquilo.

Capítulo 732 1

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