Entrar Via

Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 755

La abuela Encinas quería una nieta a toda costa, pero Yolanda se negaba en rotundo a volver a parir.

Para tratar de calmar las aguas entre su esposa y su madre, Felipe sugirió la idea de la adopción.

Justo por esos días, hubo una tragedia en una rama lejana de la familia y una niña pequeña quedó huérfana: era Valentina.

Así fue como Felipe y Yolanda la adoptaron.

A la abuela no le hizo mucha gracia al principio, pero no le quedó de otra. Yolanda seguía firme en su decisión y pasaba casi todo el año fuera de casa.

Felipe, que no podía vivir sin su mujer, se la pasaba volando tras ella de un lado a otro.

Lejos de la casa, vivían felices y sin estrés, mil veces mejor que soportando las quejas de la anciana.

Después de la adopción, fue la abuela quien se encargó de criar a Valentina.

No es que Yolanda odiara a la niña; de hecho, tampoco había criado de cerca a sus propios hijos biológicos. Simplemente se negaba a vivir bajo el mismo techo que la abuela.

Aunque Yolanda casi nunca estaba en casa, en cada viaje de negocios compraba regalos exclusivos y se los enviaba a todos los jóvenes de la familia.

Al ser Valentina la única mujer, siempre recibía los regalos más caros y abundantes.

Cada Navidad que Yolanda pasaba en casa, llegaba cargada de lujos para ella.

Pero Valentina siempre reaccionaba con una actitud insoportable. Quería las cosas, se le notaba en los ojos, pero fingía no querer aceptarlas, haciéndose la humilde.

Siempre actuaba con esa actitud de mosquita muerta, temerosa y encogida.

Si Yolanda le llamaba la atención por algo mínimo, a Valentina se le llenaban los ojos de lágrimas y ponía cara de víctima, a punto de llorar.

Verla actuar así era exasperante.

Una actitud tan pesimista espantaría la buena suerte de cualquier hogar.

Pero para colmo, la abuela siempre salía en su defensa y regañaba a Yolanda con severidad.

Incluso los hombres de la casa se ponían del lado de la niña.

Le pedían a Yolanda que no fuera tan dura, justificando que Valentina era asustadiza y que, como casi nunca veía a su madre adoptiva, era normal que le tuviera miedo y no fuera cariñosa.

Para Yolanda, eso fue la gota que derramó el vaso. Dejó de interesarse en la familia y se desentendió por completo de la crianza de Valentina.

Fue la abuela Encinas quien la moldeó a su imagen y semejanza.

Tantos años de mimos para terminar criando a una malagradecida, una víbora venenosa.

Al día siguiente iría sin falta al hospital a restregarle todo esto en la cara a la anciana. A ver si no le daba un infarto del coraje.

Pensando en eso, Yolanda le sonrió a Nerea.

Capítulo 755 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio