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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 872

Al escuchar su nombre, la miró con una sonrisa llena de ternura. —¡Así que tú eres Patricia! Eres hermosa y tienes un corazón de oro. Gracias por las flores, me encantan.

Dicho esto, Doña Salomé se volvió hacia Kevin. —Rápido, sírvele té a nuestra invitada.

Al ver que la familia Rojas trataba a Patricia con tanta deferencia.

Marisa volvió a insistir, aferrándose a cualquier tabla de salvación. —Señoras, les ruego que, por el cariño que le tienen a mi querida Patricia, perdonen la insolencia de su hermana. Les juro que la educaré con mano dura de ahora en adelante.

—Señora Peñalosa, le pido que se retire. No perturbe el descanso de las señoras —intervino Leonardo, dando un paso al frente.

Marisa todavía ignoraba la verdadera identidad de Leonardo. Para ella, seguía siendo un simple guardaespaldas.

En cualquier otra circunstancia, lo habría reprendido a gritos, pero no era el momento.

Además, su objetivo era suavizar las tensiones, no empeorarlas.

Se forzó a sonreír. —Señor guardaespaldas, estoy hablando con las señoras.

El mensaje implícito era claro: 'tú no tienes derecho a hablar aquí'.

¿Guardaespaldas?

Todos en la habitación miraron a Leonardo con desconcierto.

Kevin se acercó con una bandeja de té. —Hermano, ¿desde cuándo eres guardaespaldas?

Ahora fue Marisa quien quedó completamente petrificada.

¿Cómo lo había llamado el mismísimo CEO de Grupo Rojas?

¿Hermano?

Kevin le entregó una taza a Patricia, luego a Leonardo, a Nerea y a Héctor Omar. No les ofreció nada a Marisa ni a Renata.

El insulto silencioso fue evidente.

El aroma del té flotaba en la cálida habitación, contrastando con los rostros pálidos y desencajados de Marisa y Renata.

Kevin miró a Marisa y le dedicó una sonrisa afilada. —Señora Peñalosa, permítame presentarlo como es debido. Él es mi hermano mayor, de sangre. No es ningún guardaespaldas.

Las palabras cayeron como yunques sobre Marisa. Conmocionada, miró a Patricia, sintiendo que el mundo se le venía abajo.

¿Por qué la élite de la familia Rojas se rebajaría a ser guardaespaldas de Patricia?

Hace un momento, cuando Patricia llamó a las ancianas 'abuelas', Marisa asumió que era por pura cortesía, pero... ¿y si no era así?

¿Qué demonios había hecho Patricia en Tailandia todos estos años?

Debió haberlo imaginado. Patricia proyectaba el aura de alguien que había crecido en tierra fértil y salvaje.

—¡Mamá! —sollozó Renata.

Marisa, temblando de rabia, la señaló con el dedo. —¡Idiota! ¡Eres una imbécil de remate! ¡¡¿Acaso di a luz a un pedazo de basura?!!

—¡¿Cómo puedes ser tan estúpida?!

—¡¿No te dije mil veces que no te metieras con Nerea?! ¡Te lo advertí! ¡¿Por qué no escuchas?!

Renata lloriqueó frotándose la cara. —¡Yo no sabía que esas señoras eran sus abuelas!

—Y cuando te enteraste, ¡¿por qué demonios no me lo dijiste?! —rugió Marisa.

—Porque... tenía miedo. Sabía que te ibas a poner furiosa y me ibas a gritar.

Marisa apretó los dientes con una mueca de desesperación y odio. —¡¿Tienes idea de lo que hiciste?! Por tu culpa, no solo perdí un contrato de miles de millones, sino que la imagen de la empresa está arruinada. ¡Si me hubieras avisado a tiempo, nuestra estrategia pública habría sido completamente distinta!

Ahora, Grupo Quiles estaba entre la espada y la pared, atrapado en una crisis sin salida.

La mera idea hizo que Marisa sintiera que se iba a desmayar del coraje.

Se pellizcó la palma de la mano, obligándose a calmarse mientras se repetía mentalmente: 'Es de mi sangre, es de mi sangre, es de mi sangre'.

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