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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 893

A Marisa casi se le salen los ojos de las órbitas.

¿Qué diablos hacía Nerea aquí?

¡Y además se había sentado en la cabecera, el lugar reservado exclusivamente para la máxima autoridad de la empresa!

¿Acaso esta mujer era una maldición imborrable?

¡Marisa estaba empezando a creer que estaba viendo fantasmas!

Héctor Villalobos rompió el tenso silencio con una sonrisa profesional.

—Directora Peñalosa, permítame presentarle a nuestra directora ejecutiva, la señorita Nerea Galarza.

Marisa escuchaba cada palabra con total claridad, pero su cerebro se negaba a procesar el significado.

—¿Directora Galarza? —Volteó a ver a Héctor, preguntándose si Nerea lo había embrujado o chantajeado.

Héctor asintió, manteniendo su tono cordial.

—Así es. Como usted sabe, Grupo NUBE fue adquirido hace tiempo. La directora Galarza fue quien encabezó la compra y es la dueña absoluta de la compañía.

La sonrisa en el rostro de Marisa se congeló.

¿Nerea era la dueña de Grupo NUBE?

¡No estaba utilizando el poder de las familias Rojas o Valente; el poder era suyo!

Nerea la miró, disfrutando del momento.

—En realidad, señor Villalobos, no era necesaria la presentación. La directora Peñalosa y yo ya nos conocemos. De hecho, nos cruzamos hace un momento en la planta baja, ¿verdad?

Marisa hizo un esfuerzo sobrehumano para tragarse el pánico y la bilis. Intentó mantener su máscara de elegancia y compostura corporativa.

Con una sonrisa tensa y forzada, respondió:

—Vaya sorpresa. Tengo que admitir, directora Galarza, que usted sabe guardar muy bien sus secretos.

Nerea le devolvió la sonrisa y abrió la carpeta del proyecto que tenía frente a ella.

—He revisado la propuesta. Las condiciones que ofrece son sumamente atractivas. A nuestra empresa le parece un trato muy prometedor. Veo que estaba dispuesta a apostarlo todo.

Marisa se quedó en silencio. Sabía que Nerea no se lo iba a poner tan fácil.

Estaba esperando el inevitable golpe.

—Sin embargo... —Nerea cerró la carpeta de golpe. El sonido resonó en la sala—. Solo estaríamos dispuestos a firmar este acuerdo si el Grupo Quiles cambia a la persona encargada del proyecto.

La mirada de Marisa se volvió gélida. Soltó una risa seca y amarga.

—Directora Galarza, me parece que está soñando despierta.

Nerea le sostuvo la mirada, sin perder la sonrisa.

—Entonces creo que su ansiado contrato también se quedará en un sueño.

—¿A eso le llamas disculpa? ¿Hacerlo a regañadientes y forzada cuenta como arrepentimiento? Además, insultó a las abuelas en público, así que la disculpa debe ser en público. Tienen que limpiar el nombre de las ancianas frente a todos.

¡Plaf!

Marisa golpeó la mesa con ambas manos y se puso de pie abruptamente. Sus ojos echaban chispas de pura rabia mientras miraba fijamente a Nerea.

—¡Nerea Galarza, no cruces el límite! ¡Estás abusando de tu poder!

Nerea se reclinó perezosamente en su silla de cuero, levantando ligeramente el mentón para mirar a Marisa.

Su voz era serena, pero su presencia llenaba la habitación, aplastando la furia de su oponente.

—Directora Peñalosa, hay un dicho muy sabio: no busco problemas con nadie, pero si alguien se mete conmigo, me aseguraré de que descubra que no soy alguien con quien deba meterse.

El pecho de Marisa subía y bajaba agitadamente. Tras unos segundos de silencio sofocante, escupió sus últimas palabras:

—Nerea Galarza... Dios lo ve todo. Todo lo que haces se te devolverá. El karma existe. Ya me las pagarás.

—Je... —Nerea no pudo evitar soltar una carcajada.

Realmente era fascinante cómo funcionaba la mente de personas como Marisa. ¿Con qué cara se atrevía a hablar de karma?

Cada una de las maldades que ella y su familia habían cometido merecía un boleto directo al infierno.

¿Y ahora tenía el descaro de darle lecciones sobre el karma?

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