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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 895

“No solo por la anciana, sino que en cuanto termine el funeral de Felipe Quiles, dile a papá que también regrese de inmediato.”

Nerea asintió y le dijo a Kevin Rojas: “Gracias por todo el esfuerzo, Kevin.”

Doña Salomé soltó una carcajada. “¡Ay, niña! ¿Por qué tanta formalidad con él? Cuando te cases con Leonardo, será prácticamente tu hermano menor, podrás darle las órdenes que se te antojen.”

Kevin sabía perfectamente que las palabras de doña Salomé iban dirigidas a él.

Era una advertencia clara para que no tuviera pensamientos inapropiados sobre su futura cuñada.

Kevin sonrió con impotencia. “Abuela, no me haga sonar como si fuera un animal de carga.”

“Los hombres son animales, mijo”, sentenció doña Salomé, para luego mirar a Nerea. “Nere, no lo trates con tanta suavidad.”

Nerea le siguió la corriente con una sonrisa radiante. “Entendido, abuela.”

Kevin se quedó sin palabras.

Como ya era tarde, las dos ancianas apuraron a Nerea para que se fuera a descansar.

Al ver que se iba sola, Kevin la detuvo. “¿Quieres que te lleve?”

“¡No hace falta!”, rechazó Nerea con una sonrisa. “Con mis habilidades, muy pocos en este mundo podrían lastimarme. No te preocupes por mí, hermanito.”

Kevin chasqueó la lengua, insatisfecho. “Todavía no eres mi cuñada.”

La sonrisa en el rostro de Nerea se ensanchó. “Es solo cuestión de tiempo. Ve acostumbrándote.”

Kevin la miró con cara de pocos amigos.

Nerea se despidió con la mano y salió del hospital.

En la mansión de la familia Valente.

Al ver que ya era tarde, doña Elena llevó a Sofía a bañarse. Leonardo, por su parte, se preparaba para lavar a mano la ropita interior de la pequeña.

Doña Elena lo detuvo. “Leo, hoy descansa, no tienes que hacer nada. Deja que Fernando se encargue de lavar eso.”

Fernando Valente, impecablemente vestido con su traje de diseñador, levantó una ceja. “Mamá, tengo una videoconferencia muy importante.”

Se apoyó perezosamente en la barandilla del balcón y, con voz melosa, murmuró: “Mi amor, ¿por dónde vienes?”

La mansión Valente estaba a mitad de la montaña.

Bajo la oscuridad de la noche, el auto de Nerea avanzaba de manera constante por la sinuosa carretera.

Ella miró la hora en el GPS y respondió: “Ya casi, llego en unos veinte minutos.”

Apenas terminó de hablar, al dar la vuelta en una curva, un enorme camión de carga se precipitó hacia ella a toda velocidad, cegándola por completo con las luces altas.

Por un instante, la visión de Nerea se volvió completamente blanca.

¡BOOM!

Con un estruendo ensordecedor, el pesado camión embistió de frente el auto de Nerea.

El vehículo volcó violentamente y fue arrastrado varios metros antes de detenerse por completo.

Al otro lado de la línea, al escuchar el impacto, Leonardo sintió que la sangre se le helaba en las venas.

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