Renata frunció el ceño con fuerza y le gritó con asco:
—¡Lárgate! ¡Aléjate de mí!
—Ah, tienes carácter —dijo el hombre, estirando una mano hacia ella.
¡Plaf!
Renata le soltó una bofetada.
—¡Te dije que te largaras!
—¡Maldita zorra, cómo te atreves a golpearme! —rugió el hombre, revelando su verdadera naturaleza violenta. La agarró por el cuello y la estrelló contra la pared.
Renata levantó la pierna para patearlo.
—¡Lárgate, suéltame!
—Maldita perra, encima te pones agresiva.
¡Plaf!
La pesada mano del hombre aterrizó con fuerza sobre su rostro.
La sangre brotó de la comisura de los labios de Renata; le zumbaban los oídos y sentía la cara ardiendo.
Renata pataleó y soltó puñetazos mientras gritaba desesperada:
—¡Suéltame! ¡Ayuda, me están matando!
—¡Para que aprendas a respetarme!
¡Plaf! ¡Plaf! ¡Plaf! El hombre le propinó una lluvia de bofetadas.
El rostro de Renata quedó hinchado como un globo, rojo y amoratado; sus oídos pitaban tanto que parecía haberse quedado sorda.
Finalmente, los alaridos de Renata atrajeron a los oficiales.
—¡¿Qué está pasando aquí?! ¡Suéltense! ¡Quédense quietos!
El hombre de mediana edad se señaló la cara de inmediato.
—Oficial, esta mujercita me atacó primero. ¡Yo solo actué en defensa propia!
Renata, temblando de pies a cabeza, lo miró con odio.
Sin embargo, las siguientes palabras del licenciado Zavala hicieron que su corazón se acelerara de nuevo.
—El problema es que la investigación llevará tiempo. Ya sabe cómo son los burócratas del gobierno, siempre retrasan todo. Así que, quince días es lo habitual; un mes también es normal. Incluso podrían tardar dos o tres meses. Señorita Quiles, le sugiero que se prepare mentalmente.
¿Y si la investigación tardaba meses? ¿Qué iba a hacer ella?
Aunque la celda temporal estaba limpia, le parecía que el lugar apestaba a toda clase de olores nauseabundos que le daban ganas de vomitar.
Y ni hablar de las personas encerradas allí.
Pura escoria de la sociedad.
Solo de pensar en volver a esa celda temporal, sentía que se ahogaba.
—¡Busque la manera de sacarme de aquí bajo fianza ahora mismo! —ordenó Renata—. ¡No puedo soportar ni un minuto más en este lugar!
Pero el licenciado Zavala adoptó una expresión de preocupación.
—Señorita Quiles, me temo que eso será bastante complicado.
—¡¿Qué está diciendo?!

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