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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 973

«¡Bienvenidos! Nuestra finca tiene sus propios cultivos. ¿Les gustaría ir directamente a la huerta a escoger sus ingredientes o prefieren pedir a la carta y que el chef cocine por ustedes?»

Cristian miró a Nerea y a Ulises. «¿Quieren ir a la huerta?»

El encargado del lugar agregó con entusiasmo: «Les recomiendo mucho cosechar sus propios vegetales en la huerta. Es divertido, aprenden sobre las plantas y fomenta la convivencia familiar. ¡La comida siempre sabe mejor cuando uno mismo la elige!»

«Además, aquí también pueden pescar, recoger huevos o atrapar gallinas en la granja. Pueden participar en cualquiera de las actividades, es la mejor manera de pasar tiempo de calidad con su hijo.»

«Si miran hacia allá, verán a muchas familias disfrutando de la experiencia.»

Al seguir la dirección que el gerente señalaba, vieron a muchos padres y niños sentados junto a un estanque.

Habían construido plataformas de madera alrededor del agua con sillas reclinables y mesitas donde podían tomar un buen café de olla mientras asaban camotes y castañas al fuego.

Con el día tan despejado, disfrutar del sol mientras pescaban y compartían algo caliente era un plan que se antojaba perfecto.

Nerea miró a su hijo. «¿Te gustaría ir?»

Ulises casi nunca había experimentado una actividad familiar tan sencilla y hogareña.

Casi nunca había salido a divertirse con su madre y su padre juntos.

A pesar de saber que ambos lo amaban incluso estando separados, muy dentro de sí, seguía anhelándolo.

Anhelaba verlos juntos.

Aunque sabía que era imposible.

Por eso, cualquier pequeño instante en el que los tres estuvieran reunidos, lo atesoraría profundamente.

Miró a Nerea; la seriedad habitual en sus ojos había desaparecido, dejando en su lugar un brillo soñador. «Mamá, sí quiero.»

En ese instante, Ulises era, por fin, solo un niño.

Nerea sintió el deseo inmenso de proteger esa inocencia infantil.

Sin mencionar que él pronto tendría que irse a continuar con su duro entrenamiento de aislamiento.

Dado que Ulises era amable con los desconocidos, asintió cortésmente. «Sí, es increíble.»

«Mi papá es más fuerte que el tuyo», insistió el chiquillo presumido.

Ulises frunció el ceño, intrigado por el comentario.

«Mi papá puede empujar a mi mamá y a mí él solo, mientras que el tuyo necesita la ayuda de ustedes dos. Tu papá es un débil.»

Ulises esbozó una ligera sonrisa llena de ironía. «Mi mamá y yo le ayudamos porque lo queremos y no queremos que se esfuerce demasiado. Tu papá, en cambio, da lástima: su esposa no lo ayuda y su hijo tampoco.»

El niño no soportó la humillación y gritó furioso: «¡Eso es mentira! ¡Yo sí quiero a mi papá!»

Ulises contraatacó lógicamente: «Si lo quisieras, ¿por qué no le ayudas a pedalear? Míralo: tiene la cara roja, está sudando a mares y jadea más fuerte que una mula de carga. Él está sufriendo y ustedes dos ni siquiera se inmutan. ¿Qué significa eso? ¡Que a ninguno de los dos les importa en absoluto!»

La madre del niño ya no pudo contenerse y su cara se contorsionó de ira. «Oye, mocoso maleducado, ¿cómo te atreves a hablar así? Eres un grosero.»

Nerea, sin dejar de sonreír, le palmeó el hombro a Ulises y le contestó a la mujer: «Mi hijo solo está siendo objetivo y sacando conclusiones lógicas.»

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