Nerea no intentaba presumir de su riqueza.
La actitud de aquella chica ya había dejado claro que no era de fiar, y Nerea solo hizo eso para evitarse dolores de cabeza en el futuro.
Si la joven se quedaba resentida, sentía que había perdido la dignidad y luego iba a las redes sociales a llorar y manipular a la opinión pública, diciendo que le habían dado un sobre vacío, sería imposible desmentirla. Con los testigos allí, el asunto quedaba zanjado.
Tras resolver el percance, Nerea contactó a Mauricio Valente.
—Mauricio, ¿dónde estás? Vamos a buscarte.
—Estoy tomando té en los aposentos del abad —respondió él.
Mauricio había estado huyendo de las fanáticas como un pollo sin cabeza, corriendo por todo el santuario. La horda de fans no dejaba de crecer y estaban por todas partes.
Sentía que iba a morir de agotamiento.
Por suerte, el abad se apiadó de él y lo llevó al patio interior, un área privada donde ni los fieles comunes ni las fanáticas tenían acceso.
Cuando Nerea y los demás llegaron, Mauricio estaba desparramado en una silla, como si se hubiera derretido.
—¿Estás bien? —preguntó Nerea.
Mauricio respondió con un hilo de voz: —Casi me matan. Estas piernas ya no me pertenecen. Todavía me tiemblan.
Jaime Galarza bromeó: —Mauricio, es que tus fans te aman demasiado.
Mauricio suspiró profundamente. —En Rosarito, ser actor es solo una profesión. Cuando sales a la calle, rara vez te acosan. Como mucho te piden una foto o un autógrafo. Pero los fans de aquí son aterradores.
Con las fanáticas montando guardia en el santuario, Nerea y su grupo tampoco podían bajar de la montaña.
Después de descansar, Mauricio hizo una transmisión en vivo, pidiendo a sus seguidores que fueran racionales y no se quedaran esperando en el monasterio, asegurándoles que ya había bajado en secreto.
Pero los fans analizan a sus ídolos con lupa. Alguien reconoció la arquitectura del fondo y dedujo que seguía allí.
Así que su plan fue contraproducente: los fans se atrincheraron con más fuerza. Decidieron quedarse a encender incienso, rezar y comer la comida del lugar.
Mauricio: «...»
Mauricio sonrió entre lágrimas. «...»
Al día siguiente, Jaime y Estefanía fueron a visitar a la familia Santillán para llevarles obsequios, después de todo, pronto serían familia política y había que mantener las buenas costumbres.
Nerea, por su parte, llevó a la familia Valente y a los tres niños a los lugares turísticos más famosos de Puerto San Martín.
El resultado fue unánime: nadie quería volver a salir. Prometieron no pisar otra atracción turística. Aunque el ambiente festivo era maravilloso, la cantidad de gente era tal que sentían que los iban a aplastar.
Al tercer día de las festividades, la familia Rojas llegó a la mansión Galarza para pedir formalmente la mano de Nerea.
Doña Salomé también asistió, sentada en su silla de ruedas y empujada por Kevin Rojas.
Leonardo Rojas cargaba personalmente los finos obsequios de compromiso.
La familia Galarza se había levantado temprano para prepararlo todo. La casa estaba impecable, con frutas frescas y el mejor té esperando en la mesa.
Desde la cocina, no dejaba de emanar un aroma delicioso que abría el apetito a cualquiera...

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