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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 107

Después de que Tatiana falleció hace tres años, él se derrumbó por completo. Ya no soportaba estar en Santa Clara, una ciudad que estaba impregnada de recuerdos con ella, así que decidió mudarse a Norte Capital. Su prima, preocupada por su estado, compró la casa de al lado para poder visitarlo siempre que tuviera tiempo...

Volviendo a la realidad.

César subió al altillo, tomó una pequeña caja y, tras abrirla, la colocó sobre la mesa de centro.

En su interior se guardaban pequeños objetos que alguna vez pertenecieron a Tatiana, junto con varias fotografías de ella.

Hacía mucho tiempo que no abría esa caja.

Al ver de nuevo la dulce sonrisa de la chica en aquellas imágenes... el corazón de César volvió a contraerse con un dolor agudo.

'Lo siento, señor Zaldívar. Los resultados de la prueba de ADN entre la señorita Renata Yepes y la señorita Tatiana Rivas ya están listos. El porcentaje de compatibilidad es del 0.001%... No son la misma persona.'

Las palabras de Camilo Falla aún resonaban en su cabeza.

No eran la misma persona...

Así que toda su ilusión, su emoción y las esperanzas que había albergado estos últimos días no habían sido más que producto de su imaginación...

A César se le cortó la respiración y sus ojos se enrojecieron. Se quedó sentado en el sofá, completamente petrificado. Tardó un buen rato en reaccionar. Muy despacio, y con los dedos temblando, sacó de la caja un pequeño llavero de peluche en forma de conejo que Tatiana solía llevar a todas partes, y lo apretó con fuerza en su mano.

Como si... a través de ese objeto, pudiera traspasar el tiempo y aferrarse a ella una vez más.

Finalmente, apoyó la frente sobre el dorso de su mano y murmuró con voz ronca:

—Tatiana, de verdad... te extraño tanto... Dime, ¿qué debo hacer? Dame una respuesta, por favor.

¿Debería seguir buscándote sin resignarme...?

¿O aceptar que ya te fuiste para siempre...?

Por supuesto, nadie le respondió.

César soltó una risa amarga y apretó el llavero con tanta fuerza que se le marcaron las venas del dorso de la mano.

Estar atrapado en esa contradicción lo estaba destruyendo.

A veces, él mismo sentía que se estaba volviendo loco...

...

César se quedó en silencio dentro de la casa durante un largo rato antes de decidirse a salir.

Al llegar a la entrada, se dio cuenta de que el pequeño Fabián seguía llorando desconsolado en la casa vecina.

Frunció el ceño, sintió curiosidad y abrió la puerta para ver qué pasaba.

Adentro, la señora mayor, Doña Elvira, estaba inclinada, intentando limpiarle las lágrimas a Fabián, que no paraba de sollozar.

Capítulo 107 1

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