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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 161

Ximena se mordió el labio inferior, sintiéndose profundamente agraviada...

El ascensor llegó.

Enrique Yáñez fue el primero en salir.

Pablo Cisneros, quien llevaba rato esperando, se acercó a recibirlo: —Señor Yáñez...

Con semblante helado, Enrique lo interrumpió: —A partir de hoy, reduce los gastos destinados a la familia Zapata.

Al escuchar esto, Elena Zapata palideció de golpe, y Camila, la más joven, abrió los ojos de par en par, incrédula.

¿No se suponía que el señor Yáñez y su hermana estaban muy enamorados? ¿Cómo podía estar pasando esto?

Ximena bajó la cabeza, humillada.

Pablo parpadeó, sorprendido, pero tardó un segundo en captar la orden: —Entendido, señor Yáñez. Entonces... ¿se quedará un rato más para acompañarlas en la revisión médica?

Ximena levantó la vista, aferrándose a un hilo de esperanza.

—No —respondió Enrique con frialdad—. Tengo asuntos que atender, ya me voy. Acompáñalas tú.

Parecía que esta vez la familia Zapata de verdad había colmado la paciencia del jefe. Pablo asintió: —Comprendido.

Enrique dio media vuelta y se marchó. Ni siquiera le dirigió una última mirada a Ximena; simplemente desapareció por el pasillo.

Los ojos de Ximena se llenaron de lágrimas. ¡De verdad la estaba ignorando!

Elena entró en pánico y no pudo evitar preguntar: —Ximena, ¿tú y Enrique tuvieron una pelea recientemente? ¿Por qué se comporta así...?

¡Antes, él jamás habría dejado sola a Ximena por culpa de Renata! ¡Y mucho menos habría recortado el presupuesto de los Zapata!

Camila también estaba muy nerviosa: —¡Sí, hermana! ¿Por qué Enrique actúa así? ¿No se supone que te ama? Hoy está tan raro... Cualquiera que no los conociera pensaría que se enamoró de Renata.

Esta última frase fue una puñalada directa. Las lágrimas de Ximena comenzaron a rodar por sus mejillas, aunque por estar en un lugar público, intentó no hacer un escándalo.

Elena le dio un codazo de advertencia a la chica para que se callara.

Pablo observó la escena en silencio y entendió perfectamente lo que estaba sucediendo. Con lo tolerante que solía ser, esta vez no pudo evitar soltar una sonrisa burlona.

—No sé con qué ojos vieron ustedes que el señor Yáñez ama profundamente a la señorita Zapata, ni con qué ojos vieron que no ama a la señorita Yepes.

¡Bum!

Ximena levantó la mirada, atónita, con los ojos inyectados en sangre.

Elena y Camila también sintieron el golpe: —Secretario Cisneros, ¿qué está diciendo? ¡A Enrique siempre le ha gustado Ximena!

Cuando Renata salió del hospital, el viento frío le golpeó el rostro y, por primera vez en todo el día, sintió que podía respirar.

Su estado de ánimo estaba por los suelos.

No quería regresar a ese apartamento frío y vacío, así que condujo sin rumbo fijo, paseando lentamente por la ciudad.

De repente, su mirada se detuvo en una pantalla gigante que proyectaba el tráiler de una comedia familiar.

Sintió un impulso repentino. Quería ir al cine.

Sin pensarlo mucho, condujo hasta el centro comercial, compró su entrada y pidió unas palomitas con refresco.

La verdad era que, en los últimos años, rara vez consumía esas cosas.

Primero, porque a Enrique no le gustaban. Así que en casa, ella solo cocinaba y compraba lo que a él le apetecía.

Segundo, por el trabajo. Con el tiempo, se convenció de que ya era 'demasiado adulta' para comer comida chatarra y le resultaba incómodo.

¡Se había olvidado de que apenas era una mujer de veintitantos años! ¡Todavía era joven!

—Señorita, aquí tiene su refresco y sus palomitas —le dijo el empleado al entregarle su pedido.

Renata volvió a la realidad, dio las gracias con una sonrisa y tomó las cosas. Al darse la vuelta, le dio un sorbo a la bebida fría. El sabor refrescante pareció levantarle el ánimo casi de inmediato.

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