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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 237

La noche era densa.

Mientras tanto, en el Restaurante Las Nubes.

Después de salir de su cita, Enrique corrió apresurado para asistir a esta cena de negocios.

Para garantizar que Ximena obtuviera el cupo sin problemas al día siguiente, él mismo se había encargado de reunir a los directivos del comité organizador para que la conocieran.

Al entrar al reservado, los ejecutivos lo vieron y se levantaron de inmediato para saludar: —Señor Yáñez.

Al ver esto, Ximena esbozó una sonrisa triunfal y lo saludó con voz dulce: —Enrique.

Con esta reunión, ¡estaba convencida de que el cupo en el concurso ya era suyo!

Enrique asintió con frialdad y, tras decirles que continuaran, se sentó en su silla sin intención de decir nada más. Su estado de ánimo era visiblemente sombrío.

Al notar su actitud, nadie se atrevió a emitir un sonido.

Ximena, sin entender qué le pasaba, se acercó para preguntarle: —Enrique, ¿qué tienes?

Él levantó la vista y la miró. Al ver su rostro radiante de felicidad, inexplicablemente se acordó de Renata... Él la había rechazado. ¿Acaso estaría llorando en ese momento?

Recordaba que, cuando recién empezaron a estar juntos, ella era muy joven, apenas tenía veintidós años. No tenía mucha experiencia y, a veces, cuando se sentía herida, se escondía a llorar a solas.

Solo que, en ese entonces, a él no le importaba.

Pero ahora...

De pronto sintió un malestar extraño, una sensación de perder el control que lo hizo fruncir el ceño.

—No es nada. Voy afuera a fumar.

Dicho esto, se levantó y salió de la habitación.

Ximena lo miró marcharse y se mordió el labio. Sabía perfectamente que estaba actuando así por Renata... ¡Esa maldita mujer, siempre persiguiéndolo como un fantasma!

Pero hasta que no tuviera el cupo asegurado, tendría que tragarse su orgullo y soportarlo.

Con ese pensamiento, forzó una sonrisa y volvió a socializar con los directivos del concurso.

...

Enrique salió a fumar, pero jamás imaginó que, apenas cruzando la puerta, se toparía con César Zaldívar.

En el momento en que sus miradas se cruzaron, el aire a su alrededor pareció congelarse.

Enrique entrecerró los ojos y, con una sonrisa sarcástica, lo saludó:

—Señor Zaldívar, ¿en una cena de negocios?

Capítulo 237 1

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