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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 249

Renata se quedó sin aire, sintiendo que no podía seguir discutiendo.

—Entonces... le agradezco mucho.

—No hay nada que agradecer.

César la ayudó a levantarse sin dudarlo, apoyando su firme y cálida mano sobre el hombro de Renata. El calor de su piel se filtró a través de la ropa, recorriéndola como una corriente eléctrica.

El corazón de Renata se saltó un latido; se sintió abrumada, pero al ver la expresión totalmente profesional de él, no se atrevió a decir nada, limitándose a bajar la mirada y morderse el labio.

Llegaron al consultorio en el segundo piso.

El Dr. Mendoza le preguntó sobre sus síntomas mientras tecleaba en la computadora.

—Doctor —dijo Renata—, este problema del estómago es algo que arrastro de años. Solo recéteme algo y estaré bien.

Antes de que pudiera terminar, César la interrumpió con tono innegociable: —Internación por un día. Póngale suero intravenoso.

Renata se quedó pasmada y lo miró fijamente.

César le dio unas suaves palmaditas en el hombro, un gesto cargado de autoridad pero extrañamente tierno, como si le dijera que le hiciera caso.

El corazón de Renata volvió a acelerarse peligrosamente.

El doctor observó la interacción y no pudo evitar sonreír mientras le decía a Renata:

—Tu novio tiene mucha razón. Solo quiere cuidarte. Hazle caso y quédate ingresada hoy, ¿de acuerdo?

Las mejillas de Renata se tiñeron de un rojo intenso. —Él no es...

—Le agradezco, doctor —intervino César sin inmutarse.

El médico sonrió y le entregó las indicaciones impresas. —No es nada. Cuiden mucho esa relación.

—Yo... —Renata sentía que la cara le ardía de la vergüenza.

César, con una calma imperturbable, tomó los papeles y le indicó: —Vamos, hay gente esperando.

Capítulo 249 1

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