—En cuanto a los materiales, la cadena tiene un acabado envejecido mate, con incrustaciones de corazones rotos cuyos bordes han sido suavizados, para que el dolor ya no lastime.
—Para terminar, llevar esta pieza es decir adiós, pero también es reconciliarse con uno mismo. Es honrar un encuentro fugaz, perdonar el pasado y, sobre todo, perdonarse a sí mismo.
El público la escuchaba con el corazón en un puño. Muchos recordaron a esa persona especial que alguna vez caminó a su lado, y se sintieron profundamente conmovidos.
—¡Qué discurso tan hermoso!
Los jueces le otorgaron una calificación altísima: un aplastante 98. —¡Fabuloso! Un diseño ingenioso y un concepto que llega directo al alma.
Ximena hizo una reverencia, lanzó una última mirada de triunfo hacia Enrique y bajó del escenario. Al pasar, clavó sus ojos en Renata y curvó los labios en una media sonrisa llena de soberbia.
Su propuesta había eclipsado a todas las demás.
¿Qué demonios podría hacer Renata para superarla? Si subía al escenario, solo iría a hacer el ridículo.
—Renata, ¡ya quiero ver tu obra maestra! —dijo Ximena al acercarse, con una burla nada disimulada en su voz.
Renata sabía perfectamente que solo quería verla fracasar. con una sonrisa serena, alisó su falda con sus manos de porcelana, se levantó de la silla y respondió: —Te garantizo que lo harás.
Ximena se quedó desconcertada un segundo, luego soltó una mueca de desprecio y volvió a tomar asiento.
—Nuestra siguiente y última participante es la señorita Renata Yepes. Por favor, adelante para presentar su diseño —anunció el personal.
Renata hizo una educada reverencia y caminó hacia el escenario.
Sin embargo, a diferencia de los concursantes anteriores, nadie la animó ni aplaudió. En cambio, los cuchicheos despectivos invadieron el salón.
—No puedo creer que de verdad se atreva a subir. ¡Qué descarada!
—A lo mejor ya le pidió a su "patrocinador" que sobornara a los jueces.
—Jajajaja, tienes toda la razón. Después de todo, tiene sus palancas.
—¿Y qué si tiene palancas? Estoy seguro de que los jueces no son unos vendidos. El diseño y el concepto de la señorita Zapata fueron insuperables. ¡Es imposible que alguien obtenga una puntuación más alta!
...
Ximena saboreaba los comentarios; su sonrisa se ensanchaba cada vez más.
Ximena estaba petrificada.
Como diseñadora experimentada, sabía perfectamente lo imposible que era hacer un dibujo a color a mano alzada. Y mucho más, integrar dos temáticas complejas en tan solo sesenta minutos.
Al ver la obra en la pantalla y luego mirar a Renata, Ximena sintió un nudo asfixiante en la garganta.
Instintivamente, buscó con la mirada a Enrique. Allí estaba él, observando a Renata como si estuviera bajo un hechizo. En sus oscuros ojos, siempre fríos y calculadores, ahora bailaba una emoción profunda y desconocida, despertada únicamente por ella.
Ximena se mordió los labios hasta casi sangrar.
Los jueces, con décadas de experiencia en el mundo del diseño, se dieron cuenta de la genialidad de la pieza con solo un vistazo.
—¡Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte! Completar una pieza de este calibre en solo una hora... ¡y a todo color! ¡Es una genialidad!
—Es un honor escuchar sus palabras, maestros —respondió Renata con humildad.
Sonrió y volvió a hacer una respetuosa reverencia.
A diferencia de los demás, no se dejó llevar por la soberbia ante los halagos. Con voz firme, comenzó a desglosar su concepto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE