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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 283

Al salir del hotel, para mayor comodidad, Renata se subió al auto de César.

En cuanto a su propio coche, lo dejó estacionado ahí, ya que esa noche regresaría al hotel a dormir. Ir hasta su casa era demasiado problema; la competencia era a la mañana siguiente y perdería mucho tiempo en traslados, por lo que los organizadores les habían reservado habitaciones por adelantado.

Dentro del auto.

Tras abrocharse el cinturón, Renata le indicó la dirección.

—Sr. Zaldívar, siga recto por esta calle, gire a la derecha en el semáforo y luego avance unos trescientos metros más. Ahí estaremos...

Hablaba con voz suave, sin notar en absoluto la profunda mirada del hombre.

César contemplaba su perfil sereno, recordando inevitablemente la época en que estaban juntos. Cada fin de semana salían a pasear, y en ese entonces, también era él quien conducía y ella quien le daba indicaciones.

La diferencia era que, en aquel entonces, ella lo amaba profundamente.

Ahora, lo había olvidado.

—¿Sr. Zaldívar?

Al no obtener respuesta durante un buen rato, Renata volteó extrañada y se topó con aquellos ojos brillantes y profundos. Su corazón dio un vuelco al instante.

Bajó la mirada, incómoda, y tosió levemente. —Sr. Zaldívar, vamos...

La mirada de César se intensificó. Las manos con las que sostenía el volante se apretaron y, tras observarla unos segundos más, apartó la vista a regañadientes y arrancó el vehículo.

Su nuez de Adán subió y bajó antes de decir con voz ronca:

—Lo siento, no escuché bien lo que dijiste. ¿Podrías repetirlo?

En realidad, la había escuchado perfectamente, solo quería volver a oír su voz.

Sin sospechar nada, Renata se lo repitió.

César esbozó una ligera sonrisa en sus labios.

El Maybach se incorporó al tráfico, sin que ninguno de los dos notara que un Bentley negro los seguía muy de cerca.

En el interior de aquel auto, Enrique Yáñez sostenía el volante con una sola mano, con el rostro serio y sombrío. Marcó de nuevo el número de Renata.

Una fría voz mecánica de mujer le respondió de inmediato.

¡Renata lo había bloqueado!

Enrique arrojó el celular con fuerza contra el asiento del copiloto.

...

Veinte minutos después, llegaron al restaurante de pescado.

Renata y César se bajaron del auto.

Renata estaba a punto de preguntarle si, además del pescado, se le antojaba algo más, ya que invitar a alguien a comer solo pescado no le parecía suficiente.

De repente, con un fuerte sonido de claxon, un Bentley negro pasó a toda velocidad y se detuvo justo a su lado.

La puerta se abrió y Enrique bajó del auto, emanando un aura gélida.

Renata abrió los ojos de par en par, dio un paso atrás y frunció el ceño. —Enrique, ¿por qué nos sigues?

César se acercó con una expresión sombría.

Enrique, estando más cerca, se adelantó, rodeó la delgada cintura de Renata con su brazo y la atrajo hacia él. Como si quisiera que el otro lo escuchara, dijo con tono sumamente posesivo:

Capítulo 283 1

Capítulo 283 2

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