La sonrisa que Mateo llevaba en el rostro desapareció de golpe, siendo reemplazada por un semblante gélido.
"Qué mala suerte," murmuró.
Mauricio, por su parte, mantuvo su habitual expresión imperturbable, esa frialdad imparcial que mostraba ante cualquiera.
Enrique avanzó con Ximena a su lado y saludó primero a Mauricio.
"Maestro Zamora."
Luego, se dirigió a Mateo. "Sr. Linares."
Ximena, pegada a él, los saludó con su mejor sonrisa, luciendo dócil, elegante y encantadora.
En su delicado rostro se dibujaba una gran expectativa, como si ya tuviera la victoria asegurada.
Mauricio asintió. "Sr. Yáñez, Srta. Zapata."
Mateo, aunque no los soportaba, hizo un breve asentimiento de cortesía.
Sin embargo, ignoró por completo la presencia de Ximena.
La sonrisa de Ximena se congeló un instante... Acostumbrada a ser siempre el centro de atención, el desplante le cayó como un balde de agua fría.
Y encima, con tanta gente alrededor.
¡Seguro que Renata había estado hablando mal de ella a sus espaldas!
Después de intercambiar un par de formalidades...
Enrique fue directo al grano.
Pasó su brazo protectoramente por la cintura de Ximena.
"Maestro Zamora, le presento de nuevo a Ximena. Ella tiene un gran talento para las bellas artes, ha ganado varios concursos importantes y desde hace mucho tiempo ha soñado con ser su aprendiz. Aunque la última vez no se dio la oportunidad, ella sigue empeñada en intentarlo."
"Sé que pronto organizará el Gran Concurso de Diseño. ¿Por qué no le da la oportunidad de ser su alumna? La Corporación Yáñez puede encargarse de cubrir toda la logística y los patrocinios del evento."
Ximena lo miró con ojos llenos de esperanza. "Maestro, le prometo que seré la alumna más aplicada."
Mauricio no tenía un pelo de tonto. Sabía perfectamente que Enrique estaba intentando comprar el lugar con dinero.
Pero...
"Sr. Yáñez, ese 'talento' que usted ve en su protegida, no se compara ni con una fracción del talento de mi otra aprendiz."
"Para serle sincero, a esa joven casi no he tenido que enseñarle nada. La mayor parte de su talento ha sido pura intuición y dedicación."
"Por lo tanto, mi punto es este: en el arte, el verdadero progreso depende de uno mismo, no de la influencia externa."
Al escuchar esto, Ximena palideció, sintiendo el golpe directo a su ego.
Enrique frunció el ceño. "¿Acaso Mateo no es su único aprendiz? ¿Desde cuándo tiene otra alumna?"
"Yo igual. Si dijo que estaba por llegar, hay que estar atentos."
"Oigan, ni se les ocurra robármela. ¡Le voy a ofrecer el puesto de diseñadora en jefe en mi empresa!"
"..."
Los chismes corrían como pólvora.
Ximena se quedó petrificada en su lugar, sintiendo cómo se le iba el color de la cara.
Después de unos instantes, volvió a la realidad y giró la vista hacia donde habían desaparecido Mateo y Mauricio.
El pánico comenzó a apoderarse de ella.
La compañera de Mateo... no podía ser... ¡¿Renata?!
Después de todo, recordando la vez que los vio en la cafetería, parecían tener mucha confianza.
Ximena se mordió el labio y miró de reojo al hombre a su lado, buscando que él la tranquilizara...
Pero Enrique estaba completamente concentrado en su teléfono, ignorando olímpicamente lo que acababa de pasar.
Ella apretó los puños, su instinto le gritaba que él estaba mensajeándose con Renata.
Por primera vez en mucho tiempo, se sintió arrinconada y vulnerable.

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