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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 103

C103- MI NIÑA...

La sonrisa de Adelina se desvaneció lentamente, su rostro envejecido palideció y sus manos arrugadas se aferraron a la manta sobre sus piernas.

—¿Quién... quién te ha dicho...? —balbuceó.

—Eso no importa.

Aurora dio un paso hacia ella, sosteniendo el sobre como un arma. Y sus ojos, idénticos a los de su madre, brillaban con una mezcla de dolor y furia.

—Lo que importa es que me mentiste. Me engañaste todos estos años. Me ocultaste la verdad a tu conveniencia y me vendiste una imagen de ti que no existe.

—No, Aurora, no... yo... yo te quiero... yo...

—¿Me quieres? ¿Tú? ¿La asesina de mis padres? ¿Me quieres? ¡No! Lo que tú sentiste fue miedo. ¡Y actuaste a tu conveniencia!

El rostro de Adelina se rompió.

Sus ojos llorosos dejaron caer lágrimas que corrieron por sus mejillas arrugadas, marcando surcos de dolor en su piel.

—No, mi niña... yo te amo... tú eres...

—¿Qué pasó? —la cortó Aurora, no queriendo que ella fuera a ese sentimiento, no quería que la doblegara, porque aunque fuera la culpable, también la quería y en ese momento se odiaba por eso.

Adelina se quedó en silencio.

Tragó con dificultad y miró sus manos. Y su mente viajó al pasado, a esa noche específica, que la había atormentado por años.

Vio a Leonor, elegante y bien vestida, enfrentándola en su oficina.

—Tu madre fue a verme esa mañana —dijo con voz distante—. Estaba furiosa por el eco-barrio.

Aurora se tensó.

Había escuchado hablar de ese proyecto, pero nunca supo que sus padres estuvieron involucrados.

—Leonor descubrió que yo había cambiado algunas cosas —continuó Adelina—. Quería usar materiales más baratos y desplazar a familias enteras para construir un complejo de lujo.

Adelina recordaba la escena con claridad. Leonor, con su cabello recogido y sus ojos llenos de indignación, golpeando el escritorio con los planos modificados.

«—¡Esto no es lo que acordamos, Adelina! ¡Estás traicionando todo lo que construimos!»

—Es negocio, Leonor. El mundo real funciona así.

—¿El mundo real? ¿Te escuchas? Hay personas reales viviendo allí. Familias. ¡Niños!

—Se les compensará adecuadamente.

—¿Con qué? ¿Dinero? ¿Crees que eso lo arregla todo? ¡El maldito dinero!»

La discusión escaló hasta que Leonor salió dando un portazo, dejando a Adelina sola con su rabia.

—A veces la ambición te ciega —murmuró Adelina, volviendo al presente—. Te convence de que el fin justifica los medios y te hace creer que el dinero puede comprarlo todo, incluso el perdón.

A Aurora se le formó un nudo en la garganta.

Su madre había luchado por lo correcto hasta el último minuto y en ese momento el orgullo y el dolor se mezclaron en el pecho.

—Yo... yo seguí adelante —continuó Adelina—. No hice caso de sus quejas y esa noche en la fiesta...

Su voz se apagó mientras los recuerdos la inundaban nuevamente. La gala de lanzamiento del proyecto. El salón estaba lleno de copas de champán, aplausos y ella en el podio, hablando de progreso y futuro, omitiendo convenientemente los recortes y desplazamientos.

Y luego Leonor, atravesando el salón con paso firme, con los ojos brillantes de rabia más que de alcohol.

—¡No te bastó con el puente! —le había gritado frente a todos—. ¿Ahora también quieres mancharte las manos con esto? ¡Tengo las pruebas de tus atajos en los informes del puente, Adelina! ¡Y no me callaré! ¡No lo haré!

El silencio que siguió fue ensordecedor. Los invitados miraron, susurraron y la humillación quemó su rostro mientras Leonor salía arrastrando a Mateo, su esposo, del brazo.

—La vi salir —dijo Adelina—. Estaban discutiendo, Mateo intentaba calmarla. Y yo sentí pánico. Porque si ella revelaba lo del puente, todo se vendría abajo. Mi carrera, mi reputación, todo.

Aurora se acercó más, con cada parte de ella temblando.

—¿Qué hiciste?

—Llamé a Marcos, mi chófer, y le dije: "Los Sterling acaban de irse. Están muy alterados. Leonor amenaza con inventar calumnias, asegúrate de que no hagan ninguna tontería. Síguelos, hasta que lleguen a casa."

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