C107-¿DIVORCIO? ¡JAMÁS!
—Es como si... como si este amor estuviera contaminado.
—No. No... Aurora, no digas eso...
Ella retrocedió, cerró los ojos con fuerza y luego los abrió.
—No sé si después de esto podamos seguir. No sé si es correcto, Angelo —la voz le tembló, pero siguió—. Por eso... por eso... necesito tiempo.
Él se quedó quieto y su rostro palideció como si toda la sangre hubiera abandonado su cuerpo.
—¡No! ¡No puedes hacer esto! ¡No puedes dejarme por algo que yo no hice!
Aurora dio un paso atrás, sorprendida por la intensidad de su reacción.
—¡Ella los mató, Angelo! —estalló—. ¡Mató a mis padres y luego me recogió como si fuera un cachorro abandonado! ¡Me crió, me amó, me convirtió en su proyecto de caridad mientras yo la adoraba sin saber que sus manos estaban manchadas con la sangre de mi familia!
—¡¿Y yo qué culpa tengo?! —Angelo golpeó la pared con el puño—. ¡Yo también la adoraba! ¡Era mi abuela! ¿Crees que no me está matando descubrir que la mujer que me enseñó sobre honor y lealtad era una asesina?
Las lágrimas corrían por el rostro de Aurora sin control.
—¡Cada vez que te miro veo su rostro! —gritó rota—. ¡Veo sus ojos, su sonrisa! ¡La misma sangre corre por tus venas!
—¿Y eso me convierte en un monstruo? —Angelo se acercó, tomándola por los hombros—. ¡Mírame a los ojos, Aurora! ¡Mírame! ¿Ves a un asesino? ¿O ves al hombre que te ha amado desde el primer momento?
Ella intentó apartarse, pero él la sostuvo con firmeza.
—No puedo separar las cosas —sollozó—. Te amo tanto que me duele respirar, pero cada vez que pienso en nosotros, en nuestro futuro... veo a Adelina en ellos. Veo la sangre de la mujer que destruyó mi vida.
—¡Tu vida no está destruida! —la voz de Angelo se quebró—. ¡Porque yo estoy aquí! ¡Sigo aquí! Si Adelina hizo lo que dices, la odiaré con la misma intensidad que tú. Pero no me castigues por sus pecados. Por favor, no nos robes el futuro por un pasado que no podemos cambiar.
Aurora se derrumbó contra su pecho, golpeándolo débilmente.
—¿Por qué tenías que ser su nieto? —lloró—. ¿Por qué tuve que enamorarme de ti? Cada beso, cada caricia... todo está manchado ahora.
Angelo la abrazó con desesperación.
—Nada está manchado —susurró contra su cabello—. Lo que sentimos es real, es puro. Es nuestro, Aurora, solo nuestro. No de ella, no del pasado.
—Necesito tiempo —repitió Aurora, apartándose de él—. Necesito procesar todo esto. Porque cada recuerdo con Adelina, cada momento... todo era una mentira.
—¿Y lo nuestro también? ¿También fue una mentira?
Ella lo miró a los ojos por primera vez desde que comenzó la discusión.
—Lo nuestro es lo único real que tengo —confesó—. Y por eso duele tanto.
—Entonces no te vayas —suplicó él, tomando su rostro entre las manos—. Odiemos juntos, si es necesario. Sigamos este camino juntos, no me apartes de tu vida, Aurora. Te amo.
Ella apartó sus manos con suavidad.

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