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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 110

C110-CALLEJÓN SIN SALIDA.

Angelo condujo a toda velocidad por la autopista, alejándose de Londres. El ex SEAL, Brock, iba en el asiento del copiloto revisando su arma con movimientos precisos.

—Starwick queda a una hora. Es un pueblo pequeño, casi fantasma —comentó Brock sin levantar la vista—. La casa está aislada, perfecto para esconderse.

Angelo apretó el volante, su mente trabajaba a mil por hora, conectando puntos. Marcos había sido el chofer de su abuela durante años y, por lo tanto, conocía secretos familiares que nadie más sabía y ahora, de repente, aparecía después de tanto tiempo.

—¿Qué sabes de este tipo? —preguntó Brock.

—Lo suficiente —respondió Angelo, cortante.

El resto del viaje transcurrió en silencio. Cuando llegaron a Starwick, el sol comenzaba a ponerse, las calles estaban desiertas y las pocas casas parecían abandonadas. Siguieron por un camino de tierra hasta llegar a una pequeña construcción de ladrillo.

—Espera aquí —ordenó Angelo al estacionar.

Brock frunció el ceño.

—No es buena idea. Este tipo podría estar armado.

—Dije que esperes aquí.

—Con todo respeto, te conozco cuando te pones así y, si entras solo, temo que salga un cadáver.

Angelo lo miró fijamente.

—Lo necesito vivo y entero. Tiene información que necesito.

—¿Estás seguro?

—Completamente. Pero si escuchas algo sospechoso, entonces entras.

Brock asintió, no muy convencido.

—Cinco minutos. Después entro.

Angelo bajó del auto y caminó hacia la casa. No tocó la puerta, simplemente giró el pomo y entró. La casa era austera: una mesa, dos sillas, una pequeña cocina y una cama en la esquina. Marcos estaba sentado en una de las sillas, como si lo esperara, y en cuanto lo vio, sus ojos se abrieron con reconocimiento.

—Joven Angelo —dijo con voz cansada.

Tenía el pelo completamente blanco y arrugas profundas en el rostro.

Angelo cerró la puerta tras de sí.

—¿Quién te contactó? —preguntó directamente.

Marcos parpadeó, sorprendido por la pregunta tan directa.

—No sé de qué habla —respondió, pero sus manos temblaban ligeramente.

—No tengo tiempo para juegos —dijo Angelo acercándose—. Si tengo que llamar a mis contactos en la policía, lo haré. Y obstrucción de justicia sería el menor de tus problemas.

El hombre mayor tragó saliva, pero mantuvo la boca cerrada.

—Sé que no apareciste por casualidad —continuó Angelo, deteniéndose a un palmo—. Alguien te sacó de tu escondite, alguien que sabe sobre el accidente y ese alguien que quiere destruirme.

El color abandonó el rostro de Marcos y sus ojos revelaron todo lo que su boca callaba.

C110-CALLEJÓN SIN SALIDA. 1

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