C111-NO VOY A FINGIR QUE NO TE DESEO.
Al llegar, la casa estaba en penumbras, solo una luz tenue se filtraba por debajo de la puerta del dormitorio de Aurora. Ella había insistido en que él durmiera en el dormitorio principal, no quería que Angela se diera cuenta de la tensión entre ellos.
Sin embargo, Angela podría ser más perspicaz de lo que se creía y seguramente ya sabía que algo iba mal entre ellos.
Angelo aflojó su corbata y se dirigió a su estudio. Necesitaba un trago. La presión en su pecho no cedía, y el whisky era un viejo amigo en noches como esta. Estaba sirviendo su segundo vaso cuando escuchó el agua de la ducha; se detuvo, con el vaso a medio camino de sus labios.
Imaginó a Aurora bajo el agua, dejando que la calidez lavara las preocupaciones del día, y un deseo familiar se encendió en su interior, pero sacudió la cabeza y apuró el trago.
No tenía derecho a pensar en ella así. No ahora.
Salió del estudio y se dirigió al dormitorio. Necesitaba quitarse el traje, ponerse algo cómodo, tal vez revisar los documentos que había traído. Estaba abriendo su camisa cuando la puerta del baño se abrió.
Aurora salió envuelta en una toalla, con el cabello húmedo pegado a su cuello y el vapor siguiéndola como una nube. Ella se detuvo en seco al verlo, al mismo tiempo que él pareció congelarse.
Angelo observó las gotas de agua resbalando por su piel, el rubor en sus mejillas, la vulnerabilidad en sus ojos, y no era lujuria lo que sentía, sino un anhelo tan profundo que dolía físicamente.
Mientras, Aurora se aferró a la toalla.
—Perdón, yo... —murmuró.
—No —dijo él, y ya su corazón latía a toda velocidad por ella—. No pidas perdón.



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