C112-¿POR QUÉ ODIAS TANTO A LOS RUSSO?
Angelo pasó la noche en vela, dando vueltas en el sofá de su estudio. ¿Cómo decirle a Aurora que debían presentarse juntos a la lectura de un testamento?
La mañana llegó demasiado rápido. Se duchó y se vistió con un traje gris oscuro. Cuando salió al pasillo, Aurora ya estaba en la cocina, preparando café. Llevaba un vestido negro sencillo y el cabello recogido.
Incluso en su tristeza, le quitaba el aliento.
—Buenos días —dijo, manteniendo su distancia.
Aurora apenas lo miró.
—Buenos días.
—Tenemos que hablar.
Ella dejó la taza sobre la encimera.
—¿Sobre qué?
—Anoche llamó Vittorio, quiere vernos a los dos hoy a las diez.
Aurora frunció el ceño.
—¿A los dos? ¿Por qué?
—El testamento de la abuela.
—¿Y por qué tengo que ir yo?
—No me lo dijo. Solo que es importante que estemos ambos presentes.
Aurora desvió la mirada hacia la ventana y el silencio se extendió entre ellos como un abismo.
—No tienes que venir si no quieres —añadió Angelo—. Le diré que estás indispuesta.
—Iré —respondió ella finalmente—. Al final de cuentas, necesito respuestas.
Angelo asintió.
—Bien, salimos en media hora.
El viaje a la mansión Russo fue tenso. Aurora miraba por la ventana mientras Angelo conducía en silencio, lanzándole miradas ocasionales.
Cuando llegaron, el mayordomo los recibió y los condujo al estudio.
Angelo notó su incomodidad y, sin pensarlo, puso una mano en la parte baja de su espalda, guiándola. Ella se tensó al principio, pero no se apartó; era un gesto familiar, un recuerdo de tiempos mejores.
—Estará bien —murmuró él.
Aurora lo miró a los ojos.
—¿Cómo puedes saberlo?
—Porque estamos juntos en esto.
Ella no respondió, pero algo en su mirada cambió y se formó una pequeña grieta en el muro que había construido entre ellos.
El estudio. Vittorio los esperaba de pie junto al escritorio.
—Angelo, Aurora, gracias por venir —saludó, estrechando sus manos—. Por favor, tomen asiento.
Se sentaron frente al escritorio. Angelo notó que Aurora se sentaba en el borde de la silla, como si estuviera lista para huir en cualquier momento.
—Como les mencioné por teléfono, hoy daremos lectura al testamento de la señora Adelina Russo —comenzó el abogado, abriendo una carpeta—. Ella dejó instrucciones específicas.
—¿Qué instrucciones? —preguntó Angelo, impaciente.
—La aparición pública de Marcos y la revelación del accidente.
Aurora contuvo la respiración y Angelo se tensó.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!