C118- HOY ERES MÍA.
Bianca entró al penthouse envuelta en silencio. Solo las velas parpadeaban, dibujando sombras largas sobre las paredes. Se quitó el abrigo negro de un tirón y lo dejó caer al suelo. Debajo llevaba un conjunto de lencería negro y rojo que apenas cubría nada. Tomó el antifaz de la mesilla, se lo colocó y se miró en el espejo, mientras el corazón le latía tan fuerte que lo sentía en la garganta.
De repente la puerta se abrió con un clic suave y sonrió.
—Hola, Sombra.
Mateo entró.
Caminaba diferente, más lento, más seguro y sus ojos la recorrieron entera sin prisa.
—Bienvenida, Duquesa —dijo él, cerrando la puerta detrás de sí—. Hoy eres mía.
Se acercaron al mismo tiempo y el beso fue brusco, dientes contra labios, lenguas que se buscaban con urgencia. Mateo la agarró por la cintura, la levantó como si no pesara nada y la sentó sobre la mesa.
Los papeles volaron al suelo.
—¿Cómo quieres? —le murmuró al oído, mordiéndole el lóbulo.
—Como tú quieras —respondió ella, clavándole las uñas en los hombros—. Pero que no sea suave.
Él soltó una risa corta y oscura.
Empezó a desnudarla despacio, demasiado despacio. Le bajó los tirantes del sostén, besó cada centímetro de piel que quedaba al descubierto, mordió el borde de sus pechos hasta que Bianca arqueó la espalda con un jadeo ahogado.
—Sombra… —gimió ella, aferrándose a su camisa.
—Dime —contestó él, con la voz ronca, mientras le quitaba las bragas y las lanzaba lejos.
—No pares.
Mateo la cargó otra vez y la llevó al dormitorio. La tiró sobre la cama negra, haciéndola rebotar entre las sábanas, con el antifaz aún puesto y el pelo desparramado sobre la almohada.
Él se detuvo un segundo, mirándola.
—Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida.
—Demuéstralo —exigió ella, abriendo las piernas sin vergüenza.
Sin perder tiempo, le tomó las muñecas y las subió por encima de su cabeza, luego sacó un pañuelo de seda de la mesilla y le ató las manos a la cabecera.
No apretó mucho. No hacía falta. Bianca se quedó quieta, respirando agitada.
—¿Vas a atarme? —preguntó ella con una sonrisa traviesa.
—Voy a hacer que me recuerdes cada vez que te sientes durante una semana.
Recorrió su cuerpo con la boca: cuello, pechos, vientre, muslos. Mordía, lamía, succionaba y Bianca se retorcía, tiraba de las ataduras, las caderas se movían solas buscando más.
—Por favor… —suplicó.
—¿Por favor qué? —preguntó él, rozando apenas con los dedos el centro de su deseo.
—Por favor, Sombra… tócame. Fóllame.
Mateo se quitó la ropa rápido. Se colocó entre sus piernas abiertas y la penetró de una sola estocada profunda.
Bianca gritó, un sonido gutural que llenó la habitación.
Él empezó a follársela con ímpetu, embestidas fuertes y rápidas, como un diablo. La agarró de las tetas, se las metió en la boca y mamó fuerte los pezones, chupando y mordiendo mientras la penetraba hasta el fondo.
Bianca se volvió loca de placer.
Su coño se contraía alrededor de la polla de Mateo con cada embestida, apretándolo caliente y mojado, succionándolo como si no quisiera dejarlo salir nunca.
—Fóllame más duro, Sombra… ¡más! —rogó entre gemidos rotos.
Mateo gruñó y le abrió las piernas al máximo, empujándolas hacia atrás. La levantó un poco de las caderas y se lo metió más hondo todavía, golpeando fuerte, sin piedad. Bianca arañó su espalda, las uñas clavándose profundo, dejando surcos rojos. Pero él no paraba, sudado, respirando como un animal, embistiéndola una y otra vez.
—Me vuelve loco tu coño —murmuró sin dejar de mamarle las tetas.
Bianca se retorcía debajo de él, su cuerpo entero temblando y el coño contrayéndose más fuerte alrededor de su polla. Los gemidos se volvieron gritos ahogados, desesperados. Porque cada vez que él salía y volvía a entrar de golpe, ella arqueaba la espalda y pedía más.
—No pares… así… ¡más hondo!


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!