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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 129

C129 – ACTIVAR EL PLAN B

Logan permanecía frente a la ventana de su Mercedes, con la mano apretando el teléfono y la vena de su sien palpitando visiblemente mientras escuchaba el informe de su hombre.

—¿Qué quieres decir con que no lo encontraste? —su voz era baja, controlada, pero cargada de una furia apenas contenida—. El bosque no es tan grande, ¡es un niño! ¡Búscalo!

Colgó y lanzó el teléfono contra el sofá de cuero. El aparato rebotó y cayó al suelo. Él cerró los ojos y respiró hondo, intentando recuperar el control. Todo su plan, meticulosamente diseñado durante años, se desmoronaba por culpa de un mocoso y una perra.

Había pasado casi dos horas buscando a William. Él mismo había recorrido cada rincón del bosque, iluminando la oscuridad, siguiendo cualquier rastro que pudiera haber dejado el niño.

Pero William había desaparecido como si la tierra se lo hubiera tragado.

—Maldito mocoso —murmuró entre dientes.

Se pasó una mano por el cabello perfectamente peinado. Sabía que no podía permitirse ni un solo error más y que quedarse en Londres ya no era una opción. La policía no tardaría en aparecer si el niño había logrado llegar a algún lugar habitado.

Así que encendió su iPad y sus dedos volaron sobre el teclado mientras accedía a su banca en línea. Comenzó a programar transferencias masivas a cuentas en paraísos fiscales. En su portachequera ya había un pasaporte falso junto con una identificación nueva y, además, un avión estaba reservado para esa misma noche.

Era hora de activar el Plan B.

La huida.

—No puedo seguir perdiendo tiempo aquí —se dijo a sí mismo mientras observaba cómo los números cambiaban en la pantalla—. Tengo que irme.

Mientras tanto, Angelo atravesó el vestíbulo de la mansión con paso ligero, llevando una sonrisa radiante. Acababa de ver a Alan, su hermano, despierto después de ocho años. El milagro había ocurrido y necesitaba compartir la noticia con Jimena y William; ellos merecían saberlo, sobre todo su sobrino.

Se encontró con una de las empleadas.

—Ve y busca a Jimena y a William —ordenó Angelo, incapaz de contener su entusiasmo—. Necesito verlos, ¡tengo una noticia increíble!

La empleada bajó la mirada y apretó las manos.

—¿El señor Angelo no lo sabe? —respondió ella, mirándolo de nuevo—. La señora Jimena y el pequeño William se fueron. Ella no dijo por qué ni a dónde… solo… se fueron…

El tiempo pareció detenerse y la sonrisa de Angelo se congeló en su rostro antes de desmoronarse lentamente, seguida de un vacío que se instaló en su estómago.

—¿Se… fueron? —balbuceó—. ¿A… a dónde?

—No lo dijo, señor. Sólo que no sabría decir cuándo volverían.

Angelo se quedó petrificado en medio del vestíbulo. Un escalofrío le recorrió la espalda mientras las piezas comenzaban a encajar en su mente.

¿Por qué Jimena se llevaría a William sin avisarle? ¿Y por qué justo ahora, cuando Alan había despertado?

Sacó su teléfono y marcó el número de Jimena, pero lo envió al buzón de voz. Lo intentó de nuevo, pero no cambió nada.

—Algo no está bien —murmuró para sí mismo mientras un presentimiento oscuro se instalaba en su pecho.

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