C136-CREO QUE SE DÓNDE ESTÁ JIMENA
—¿William, eres tú?
Un sollozo ahogado fue la respuesta.
—Tío Angelo, tengo miedo —musitó el pequeño—. El hombre malo me persiguió en el bosque.
Angelo se desplomó en su silla, con las lágrimas rodando libremente por sus mejillas.
—William, escúchame —dijo, intentando controlar el temblor en su voz—. Estás a salvo ahora. Voy a ir por ti. ¿Ok?
—Ven rápido, tío —respondió William—. Quiero estar contigo.
Angelo escuchó cómo el teléfono cambiaba de manos.
—Angelo —dijo una voz femenina—. No tardes.
—¿Está bien? —preguntó Angelo, ya poniéndose de pie—. Pero dime… ¿está herido?
—Físicamente está bien, solo algunos rasguños y moretones —respondió Rachel—. Pero emocionalmente... ha estado muy traumatizado. Apenas hoy comenzó a hablar sobre lo que pasó.
Angelo cerró los ojos, imaginando el terror que debió sentir William, solo en ese bosque, abandonado por alguien en quien confiaba.
—Dígame dónde están —dijo con determinación—. Voy para allá ahora mismo.
Angelo conducía a toda velocidad; el paisaje pasaba borroso por la ventanilla mientras apretaba el volante con fuerza.
—Ya voy... voy por ti, pequeño —murmuró para sí mismo, mientras pisaba aún más el acelerador.
Mientras tanto, Rachel miraba por la ventana, nerviosa. Aaron estaba junto a ella y William seguía en el sofá, con el dibujo de Toby en las manos.
—¿Y si ese tal Logan lo sigue? —preguntó Rachel en voz baja—. ¿Y si…?
—Angelo sabe lo que hace —respondió Aaron, rodeándola—. Todo va a estar bien. Pronto William volverá con su familia.
De repente, unos faros iluminaron la calle y un auto se detuvo frente a la casa. Rachel contuvo el aliento y Aaron se puso en alerta. Del auto bajó Angelo, solo, con el rostro desencajado por la urgencia y la esperanza.
Rachel abrió la puerta antes de que tocara el timbre. Se miraron un instante.
—Angelo…
—¿Dónde está? —La voz de Angelo sonaba ronca y desesperada.
Rachel se hizo a un lado. Angelo entró y vio el sofá. Vio a William, pequeño, con una manta de colores, sosteniendo un dibujo. Su sobrino levantó la vista y sus ojos se abrieron.
—¿Tío? —El dibujo cayó al suelo.
Angelo sintió que las piernas le fallaban. Cruzó la distancia en dos zancadas y se arrodilló frente al sofá.
—William... pequeño... estás aquí —lo abrazó con fuerza—. Estás bien. Gracias a Dios.
William se aferró a él como si nunca quisiera soltarlo.
—Sabía que vendrías, tío —dijo llorando—. Sabía que me buscarías.
—Siempre, pequeño —respondió Angelo, con lágrimas en los ojos—. Siempre voy a buscarte. Siempre.
Rachel y Aaron observaban la escena con los ojos húmedos. Angelo se separó suavemente de William y miró a sus amigos, que habían salvado a su sobrino.
—Gracias. No sé cómo agradecerles lo que han hecho.
—No tiene por qué hacerlo —respondió Aaron, negando con la cabeza—. Si hubiéramos sabido que era tu sobrino, te habríamos llamado antes, pero William no quería hablar. Estaba muy asustado.
Angelo miró a su sobrino y supo que algo malo había pasado. Algo terrible que había dejado esa sombra de miedo en los ojos del niño.
—Campeón —dijo con suavidad—, ¿quieres ir a la habitación de Melody y Leah? Los adultos tenemos que hablar, ¿sí? Iremos a casa después de esto. Aurora estará feliz de verte.
William asintió y obedeció, aunque Angelo notó cómo sus pequeños hombros se tensaban al mencionar la casa. Cuando el niño desapareció por el pasillo, Angelo se volvió hacia Rachel y Aaron.
—¿En qué parte lo encontraron?
—En el bosque de Pino Alto, cerca de la carretera 16 —explicó Aaron—. Es una zona bastante apartada. El niño salió de la nada... casi nos da un infarto. Alcanzamos a frenar a tiempo.
Angelo frunció el ceño y un mal presentimiento se instaló en su pecho.
—Es extraño... —murmuró—. Pensé que Jimena... Ella se lo llevó de la casa. Creí que habían salido del país.

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