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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 146

C146-ESTOY LISTO

La habitación estaba tensa. Angelo revisaba el equipo sobre la mesa: dispositivos de rastreo, armas, documentos falsos. Ethan estaba apoyado contra la pared, observando en silencio; su rostro impasible ocultaba los cálculos que hacía mentalmente.

La puerta se abrió de golpe y Alan entró, apoyado en su bastón, con el rostro desencajado por la determinación. Cada paso que daba parecía costarle un esfuerzo sobrehumano, pero la rabia lo impulsaba hacia adelante.

—Voy con ustedes —declaró.

Angelo ni siquiera levantó la vista mientras ajustaba un cargador.

—No.

—No me digas que no —Alan se acercó, el bastón golpeando el suelo con cada paso furioso—. Ese hijo de puta me quitó ocho años. Ocho años, Angelo. Merezco estar ahí cuando pague.

Angelo dejó lo que tenía en las manos y lo miró fijamente. Sus ojos, normalmente cálidos, se habían endurecido.

—¿Mereces? ¿Tú mereces? —se levantó, enfrentándolo—. Apenas puedes caminar con bastón. ¿Cómo vas a venir a una operación táctica?

—¡No me importa! —Alan golpeó el escritorio con tanta fuerza que los objetos saltaron—. ¡Quiero ver su cara cuando...

—¡Cuando nada, Alan! —Angelo alzó la voz, algo raro en él—. Porque si vienes, te conviertes en un lastre, y un lastre en una misión así significa muertos. ¿Quieres eso? ¿Quieres que Ethan o yo muramos por cubrirte?

Alan apretó la mandíbula. La rabia le quemaba por dentro, un fuego que había alimentado durante ocho largos años en la oscuridad de su coma y, ahora, en la soledad de su recuperación.

—Es mi derecho —insistió.

Angelo se acercó, más calmado pero firme. Su voz bajó de volumen, pero ganó intensidad.

—Escúchame bien. Logan es hijo de Adelina, nuestra abuela; es nuestro tío. Y, por más que nos duela, por más que haya hecho, es sangre de nuestra sangre.

Alan soltó una risa amarga y cruel que pareció rasgarle la garganta.

—¿Tío? ¿Ese bastardo? —escupió las palabras como si fueran ácido—. Logan no es un Russo. Nunca lo fue y nunca lo será —señaló a Angelo con un dedo tembloroso—. No me vengas con esa mierd4 de la sangre.

Angelo lo miró con una mezcla de lástima y frustración. Reconocía ese odio, lo entendía incluso, pero sabía que consumiría a su hermano si seguía alimentándolo.

—Quédate; al menos hazlo por mí… por la empresa… ¡lo que sea! Pero quédate.

Alan desvió la mirada, incapaz de sostener los ojos de su hermano.

—Por favor… —Angelo suplicó.

Alan no respondió; solo dio media vuelta y salió, cojeando, con el bastón golpeando el suelo con cada paso furioso.

Después de unos minutos, Ethan silbó suavemente.

—Tu hermano tiene más rabia que un escorpión en un círculo de fuego.

—Por eso se queda —respondió Angelo, volviendo al equipo con renovada concentración—. La rabia nubla, y yo necesito la cabeza fría.

Ethan asintió, respetando la decisión. Había visto a demasiados hombres morir por actuar con el corazón en lugar de con la cabeza.

—¿Estás listo? —preguntó, acercándose a la mesa.

Angelo miró el equipo una última vez y asintió.

—Completamente.

Mientras tanto, en Belice, Logan estaba de pie frente a la ventana, mirando el océano. El sol se ponía, tiñendo todo de naranja y dorado, un espectáculo de belleza que contrastaba con la oscuridad que llevaba dentro. Detrás de él, Rosalyn terminaba de guardar sus cosas en una maleta; sus movimientos eran lentos, como si quisiera retrasar lo inevitable.

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