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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 150

C150-UNA NUEVA RAZON

El teléfono sonó en medio de la noche y Rosalyn se despertó sobresaltada, con ese presentimiento horrible que a veces llega antes que las malas noticias. Extendió la mano hacia la mesita de noche, parpadeando para acostumbrarse a la oscuridad.

—¿Hola? —respondió con voz ronca.

—¿Señorita Thorne? —la voz al otro lado era profesional, distante—. Soy el detective Ramírez, de la policía de Belice.

Rosalyn se incorporó de golpe, completamente despierta.

—¿Qué sucedió? —preguntó, aunque ya lo sabía. Lo sentía en ese vacío repentino que se había formado en su pecho.

—Lamento informarle que su hermano, Logan Thorne, ha fallecido.

Todo se detuvo; las palabras flotaban en el aire como fragmentos de cristal roto.

—¿Cómo? —logró preguntar, conteniendo el maremoto dentro de ella.

—Suicidio, señorita. Se disparó.

Rosalyn dejó caer el teléfono.

Un nudo se formó en su garganta, pero no salió nada. Se quedó mirando la pared, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.

Logan. Su hermano. Su protector. Su roca. Se había ido.

Los días siguientes fueron un borrón de trámites, vuelos y lágrimas. Torry Thorne, su madre y madre adoptiva de Logan, llegó a Belice el mismo día que Rosalyn. La encontró en el pasillo del hospital, sentada en una silla de plástico, con la mirada perdida.

—Rose —dijo la mujer mayor, con voz quebrada.

Rosalyn levantó la vista y su madre parecía haber envejecido diez años en un día. Su cabello perfectamente teñido ahora parecía opaco; su rostro, marcado por surcos de dolor que ninguna crema podría borrar.

—Mamá —respondió, y se fundieron en un abrazo desesperado.

—Mi niño —sollozó ella contra su hombro—. Mi Logan. ¿Por qué?

Rosalyn no tenía respuestas. Solo preguntas que se acumulaban como piedras en su pecho.

El funeral fue pequeño.

Logan no tenía muchos amigos; solo socios, empleados, personas que lo respetaban o le temían, pero no lo conocían realmente. No como ella. No como el chico que le enseñó a andar en bicicleta, que la defendió de los abusones en la escuela, que le leía cuentos cuando tenía pesadillas.

Después de la cremación, Rosalyn volvió a Los Ángeles con un corazón destrozado, y los meses siguientes fueron un descenso a un agujero negro de depresión. Dejó de trabajar, apenas comía; pasaba los días mirando viejas fotografías, torturándose con recuerdos.

Logan a los 24, sonriendo mientras la llevaba sobre sus hombros en la playa.

Logan enseñándole a conducir, paciente a pesar de sus errores.

Logan en su graduación, orgulloso como si él mismo hubiera obtenido el título.

—¿Por qué? —le preguntaba a la fotografía, con las lágrimas manchando el cristal del marco—. ¿Por qué me dejaste?

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