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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 50

C50- UNA NOCHE DE VERANO (TERCERA PARTE)

Mateo la besó con una pasión que ya no podía contener. Sus labios se fundieron con los de ella, profundos, hambrientos, mientras sus manos recorrían la espalda desnuda, desatando el sujetador de encaje con dedos que temblaban de urgencia contenida. El sujetador cayó al suelo y Bianca jadeó contra su boca, pero no se apartó; al contrario, levantó los brazos para ayudarlo, para entregarse más.

Sus manos inexpertas subieron por el pecho de él, explorando, acariciando los músculos tensos, los hombros anchos. Lo besaba torpe, apasionada, con pequeños mordiscos en el labio inferior que lo volvían loco.

Mateo bajó la boca por su cuello, por la clavícula, hasta llegar a uno de sus pechos. Lo tomó con cuidado, lo besó, lo lamió despacio y Bianca arqueó la espalda soltando un gemido ahogado.

—Sé suave… —susurró ella con la voz entrecortada—. Es… es mi primera vez.

Mateo se detuvo un segundo. El pecho se le apretó. Pero luego la posesión lo golpeó como una ola: quería ser el único que la tocara así, el único que la viera temblar de esa forma, el único que la tuviera. No lo dijo. Solo la miró en la oscuridad, aunque ella no podía verle los ojos, y bajó más despacio, besando su vientre, el borde de las bragas.

Las deslizó hacia abajo con cuidado; Bianca levantó las caderas para ayudarlo, temblando, para que él luego se acomodara entre sus piernas abiertas. Y cuando su boca llegó a ella, cuando su lengua la rozó por primera vez, soltó un grito corto y se tapó la boca con la mano.

—Oh Dios… —dijo contra sus propios dedos—. No pensé que sería así…

Mateo la lamió despacio al principio, explorando, aprendiendo cada reacción. Ella se retorcía, las caderas subiendo involuntariamente, buscando más; entonces él la sujetó por los muslos con firmeza suave, manteniéndola abierta mientras su lengua se volvía más insistente, más rápida. Bianca se tapaba la boca con más fuerza, pero los gemidos se le escapaban igual: pequeños, desesperados, dulces.

—Ay Dios… ay… —jadeaba, cerrando los ojos con fuerza.

Él la sintió tensarse, su cuerpo arqueándose como un arco; entonces la llevó al borde con paciencia, sin prisa, hasta que ella se rompió. Hasta que un orgasmo silencioso y violento la atravesó; las piernas le temblaron alrededor de la cabeza de él, pero Mateo no se detuvo hasta que los espasmos cesaron y ella quedó jadeando, floja, con la piel brillante de sudor.

Entonces Bianca lo atrajo hacia arriba con manos ansiosas y lo besó profundo, saboreándose a sí misma en su lengua, excitada, hambrienta de más, mientras Mateo se colocaba sobre ella. Sintió la humedad caliente contra su erección y respiró hondo, luchando una última vez consigo mismo.

Sabía que estaba mal. Sabía que la amaba en secreto desde hacía meses y que esto la marcaría para siempre, que no tenía derecho. Pero ya no podía parar. No quería parar.

C50- UNA NOCHE DE VERANO (PARTE 3) 1

C50- UNA NOCHE DE VERANO (PARTE 3) 2

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