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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 58

C58-HABLA CON ÉL.

Después de quitarle todo acceso a internet, algo cambió en Angela de una forma que Aurora no había visto nunca. La niña dejó de hablarle. No fue un berrinche ni un silencio corto; fue un muro. Cuando necesitaba algo, miraba a Mike y se lo pedía a él, incluso si Aurora estaba justo al lado.

Un vaso de agua, los zapatos, una pregunta simple, nada pasaba por ella.

Y Aurora fingía que no le dolía, pero cada vez que escuchaba "Mike" en lugar de "mamá", sentía un tirón seco en el pecho. Por eso empezó a despertarse por las noches pensando en lo mismo: en qué pasaría si su hija algún día la miraba con rencor, si ese silencio se convertía en algo más grande, en algo que ya no pudiera arreglar. Porque la idea de que Angela pudiera odiarla, como Mike había dicho, la dejaba sin aire.

Pensó más de una vez en Angelo, en la verdad que había escondido durante años, y por primera vez no le pareció tan claro que callar fuera proteger.

La puerta se abrió y Mike entró con una expresión cansada, como si ya estuviera harto de hacer de puente entre madre e hija.

—Dice que ya está lista —informó sin rodeos.

Aurora se giró frente al espejo mientras se ponía los pendientes, evitando mirarlo de inmediato.

—¿Todavía no quiere hablarme? —preguntó en voz baja.

Mike negó con la cabeza.

—No. Y sabes que esa niña tiene carácter —dijo—. Y siendo sincero, no la culpo. Si fueras mi madre y me aislaras del mundo, tampoco te hablaría.

Aurora lo miró, molesta.

—Se supone que debes estar de mi lado, Mike. No del de ella.

Él suspiró hondo antes de responder.

—Estoy del lado de lo justo. No conozco a tu esposo, pero sí conozco a Angela, y la quiero. Y no puedo imaginar el nivel de anhelo que debe tener para ver padres donde no los hay, eso no nace de la nada.

Aurora apretó los labios.

—¿Y qué quieres que haga? —preguntó, cansada.

—Habla con él —dijo Mike—. Dile tus razones para ocultárselo y luego díselo a ella. Intenten vivir en paz por su bien, además, eso no significa que no puedas divorciarte de él. Si lo piensas bien, hasta te quitarías un peso de encima.

Las palabras se le quedaron dando vueltas.

Aurora pensó en todo lo que había ocultado, en el miedo constante, en vivir siempre esperando que el pasado no la alcanzara y se dijo que tal vez Mike tenía razón, que tal vez ya estaba demasiado cansada de esconderlo todo.

—Está bien —dijo al fin—. Voy a pensarlo, ¿de acuerdo? Pero ahora... vayamos al dichoso hospital. Y prepárate, porque a Angela no le gustan las agujas.

Mike soltó otro suspiro.

—Por eso llevo protección —respondió—. Cuando tenía cinco casi me deja sin posibilidades de tener hijos en el futuro y no pienso correr ese riesgo otra vez.

Aurora soltó una risa sin poder evitarlo y Mike también sonrió.

—Te espero con ella —dijo antes de salir.

Aurora se quedó un segundo más sola, respiró hondo y luego fue tras ellos, con la sensación de que algo estaba a punto de cambiar.

Más tarde el auto negro se detuvo frente al hospital con un movimiento suave, casi silencioso. El chofer bajó primero, pero Angelo ya estaba abriendo la puerta trasera, salió con calma, impecable dentro de su traje de tres piezas, el abrigo bien puesto sobre los hombros y con un gesto serio y contenido, como si el mundo siempre esperara algo de él.

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