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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 74

C74-RAYADURAS AL MASERATI.

El capó frío del Maserati estremeció la piel desnuda de los muslos de Aurora cuando Angelo la sentó sobre él, sus labios aún ardían del beso feroz que acababan de compartir. Él se colocó entre sus piernas, sus cuerpos separados solo por la delgada tela de su vestido y su ropa interior.

—Angelo... —jadeó ella, sintiendo su erección presionar contra su centro—. Estamos al aire libre... alguien podría...

Él inclinó la cabeza y sus labios rozaron la comisura de su boca, luego su mandíbula, descendiendo por su cuello, mientras sus manos, subían con lentitud por sus muslos, apartando el vestido.

—Que miren —murmuró contra su piel—. Que vean, que sepan que este... —una de sus manos se posó, caliente y pesada, sobre el centro de sus bragas de encaje—... este coño perfecto, es mío y lo necesito... como se necesita el aire.

Sus manos le arrancaron las bragas con un tirón brutal y el encaje hecho trizas cayó al suelo como basura.

Angelo no esperó.

Se arrodilló de golpe, tirando de sus caderas hacia el borde del capó hasta que su sexo quedó justo a la altura de su boca. La miró un instante —solo un instante— y luego se lanzó.

No fue delicado, fue salvaje.

Su lengua la abrió de un lametazo largo y feroz, desde la entrada hasta el clítoris, saboreándola como si quisiera tragársela entera. El sabor de ella lo golpeó como un puñetazo: caliente, salado, adictivo, el mismo que había soñado durante ocho putos años, así que gruñó contra su carne, el sonido vibrando directo en su centro, y succionó su clítoris con una presión que rayaba en el dolor, pero era el tipo de dolor que hacía que Aurora arqueara la espalda y clavara los tacones en el capó, rayándolo más profundo, abollándolo con surcos irregulares que nadie iba a arreglar nunca.

—Extrañé... este coño —masculló entre lamidas—. Siempre tan jodidamente perfecto. Tan mojado y mío.

Metió dos dedos de golpe, sin preámbulos, curvándolos hacia arriba para golpear ese punto exacto que la hacía temblar y los movió rápido, profundo, mientras su lengua azotaba su clítoris sin piedad en succiones cortas y rápidas, roces planos y anchos y luego círculos implacables.

Aurora perdió el control.

—Angelo... —gimió.

Él levantó la vista un segundo, con labios brillantes con su humedad, y sonrió con una crueldad sensual.

—Muévete más fuerte, cuore (corazón). Fóllame la boca. Quiero sentir cómo te corres en mi lengua.

Aurora obedeció y sus caderas ondularon con desesperación, empujando contra su boca mientras él la devoraba sin descanso.

C74-RAYADURAS AL MASERATI. 1

C74-RAYADURAS AL MASERATI. 2

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