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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 75

C75-NO ESTOY SATISFECHA TODAVÍA

Aurora lo miró fijamente desde su posición desmadejada sobre el capó aún caliente del coche. Sus ojos, nublados por el placer anterior, se clavaron en esa polla gruesa y erguida que Angelo acababa de liberar.

No había vergüenza en su mirada, solo hambre cruda, descarada, casi desafiante. Se lamió los labios inferiores sin darse cuenta, con las piernas todavía temblorosas y abiertas como una invitación silenciosa.

—Ven... —susurró ella, como drogada por el placer y la necesidad—. No me hagas esperar ocho años más.

Angelo sonrió con esa media sonrisa peligrosa que siempre la había desarmado y se acercó, colocó una mano grande y caliente en su muslo interno y con la otra guió la cabeza hinchada de su polla hasta rozar apenas la entrada empapada de ella.

No entró.

Solo presionó, dibujó círculos lentos, resbaladizos, torturándola con la promesa y Aurora arqueó la espalda y soltó un gemido largo, desesperado.

—Joder... Angelo...

Él empujó un poco más, solo la punta, abriéndola apenas y ella se contrajo alrededor de él por puro instinto, y el gruñido que escapó de la garganta de Angelo fue casi animal.

—Estás tan jodidamente apretada... —murmuró—. Después de tanto tiempo... sigues sintiéndote como la primera vez.

Y entonces empujó de una sola embestida lenta pero implacable.

Aurora gritó.

No fue un gemido suave; fue un grito ronco, profundo, de pura sobrecarga sensorial. Porque después de ocho años, su cuerpo había olvidado lo que era ser llenada así: la presión brutal, el estiramiento ardiente, la sensación de ser abierta y reclamada hasta el fondo. Cada centímetro que entraba era como fuego líquido recorriéndole las paredes internas, tocando lugares que su vibrador jamás había alcanzado.

Para Angelo fue igual de devastador.

Estaba apretada, caliente, empapada, y su coño lo succionaba como si quisiera tragárselo entero, después de ocho años de abstinencia forzada, de noches de puño y recuerdos, sentirla envolviéndolo así casi lo hizo correrse en ese mismo instante, pero se contuvo.

Apretó los dientes y se quedó quieto un segundo, respirando con dificultad, solo para no terminar demasiado pronto.

—Dios... estás jodidamente perfecta...

Aurora, con los ojos entrecerrados y la boca abierta en un jadeo continuo, logró articular entre gemidos.

—Esto... esto es mucho mejor que cualquier vibrador... mucho mejor...

Angelo soltó una risa oscura, baja, casi cruel de lo excitado que estaba y empezó a moverse.

Primero lento, profundo, dejando que ella sintiera cada centímetro saliendo y volviendo a entrar.

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