C76- HAN SIDO OCHO AÑOS DESPUÉS DE TODO.
Al cruzar la puerta del departamento, Angelo no encendió la luz. Empujó a Aurora contra la pared del vestíbulo y sus bocas se encontraron en un beso húmedo y desesperado. Él le arrancó lo que quedaba del vestido, tirando de la tela rasgada hasta que cayó al suelo, mientras ella forcejeaba con los botones de su camisa, los dedos temblando de pura urgencia.
No había paciencia, solo una necesidad que los empujaba a comerse vivos.
Angelo la levantó con facilidad y ella enredó las piernas alrededor de su cintura, apretándose contra él. La sostuvo allí contra la pared, la dureza de su erección presionando justo donde aún estaba sensible, enviando oleadas de calor por todo su cuerpo.
—No he tenido suficiente de este coño delicioso —gruñó entre besos que bajaban por su cuello y mordisqueaba la piel—. Por eso… te voy a follar en todos los rincones de este departamento.
Sin preámbulos, la bajó solo lo justo y la empaló en un solo movimiento profundo. Aurora soltó un gemido ahogado de placer y las sensaciones la golpearon todas a la vez: la rugosidad de la pared raspándole la espalda, la fuerza bruta de sus brazos sosteniéndola y el relleno perfecto y abrasador que la estiraba hasta el borde.
Angelo empezó a moverla sobre él, levantándola y bajándola con un control posesivo, usando la pared como apoyo para cada embestida. Sus músculos se tensaban con cada golpe, las caderas empujando con una precisión que dejaba claro que sabía exactamente cómo follar.
Pronto el choque de sus cuerpos resonó en el vestíbulo, sonando como un ritmo animal y constante. De repente le dio una nalgada firme en el muslo y el impacto envió un escalofrío directo a su centro.
—Di mi nombre —ordenó, con la respiración agitada rozándole el oído mientras la penetraba más hondo.
Y Aurora, perdida entre la sensación de ser usada y adorada al mismo tiempo, obedeció entre jadeos.
—¡Angelo! ¡Angelo!
Él la clavó más fuerte contra la pared, reteniéndola con todo su peso, y ella llegó con un orgasmo rápido y violento. Su coño lo apretó con fuerza, contrayéndose alrededor de él en espasmos intensos, pero Angelo no se dejó ir dentro de ella. Con un gruñido gutural la sostuvo mientras ella temblaba entera, luego le besó la frente, un gesto tierno que rompió por un segundo la ferocidad de todo lo demás.
—Aún no hemos terminado —murmuró, y la llevó en brazos hacia el salón.
Donde un sofá grande de cuero negro esperaba.
La dejó caer suavemente sobre él, y Aurora rebotó un poco, su cuerpo aún temblando del clímax anterior. A la luz de la luna que entraba por la ventana, él se quitó lo que le quedaba de ropa, desabrochando el pantalón y deslizándolo hacia abajo junto con los bóxers, revelando su cuerpo trabajado: músculos definidos en los brazos y el pecho, abdominales marcados que se contraían con cada respiración, todo hermoso y atractivo sin exageraciones, solo fuerza real y controlada.
Aurora lo observó con hambre pura, sus ojos recorriendo cada línea, y sintió un pulso fresco entre las piernas.
—Dios, te ves mejor que antes —dijo, mordiéndose el labio inferior.
Angelo sonrió confiado y se acercó un paso.


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