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Mi Marido Prestado romance Capítulo 111

—Eres la novia de Iker, si tienes alguna duda, puedes preguntarle directo a él, no tienes que pasar por mí, que ni siquiera soy su hermana de verdad.

La voz de Eleonor sonó tranquila de principio a fin.

Solo quería dejar las cosas claras, para que Alejandra no siguiera perdiendo el tiempo con ella.

Sin embargo, lo que no esperaba era que Alejandra se acercara emocionada y le guiñara un ojo.

—¿Yo soy su novia? ¿Señor Rodríguez te lo dijo en persona?

—…

Eleonor se quedó pasmada.

Entonces cayó en cuenta de que tal vez había malinterpretado la relación entre Alejandra e Iker.

—No, la verdad es que solo lo supuse.

Alejandra volvió a guiñarle el ojo.

—Entonces, parece que te caigo bien como posible cuñada.

Ahí fue cuando Eleonor entendió el verdadero significado de “por hablar de más, te metes en problemas”.

Al final, si le caía bien o no, ni era su decisión ni tenía por qué decirlo. Como Iker le había dicho hace ocho años, ni siquiera eran hermanos de verdad.

Después de la comida, no solo no logró dejar las cosas claras, sino que Alejandra estaba más animada con ella.

—Ellie, ¿trajiste carro? Si quieres, yo te llevo.

Eleonor negó con la cabeza.

—No hace falta, la clínica está justo enfrente, solo tengo que cruzar la calle y ya llegué.

—Bueno, entonces quedamos para otro día.

—Claro.

Eleonor regresó a la clínica para recoger su carro y luego fue al taller de joyería de una compañera.

Le pidió que le ayudara a hacer un amuleto igualito al que tenía, lo más parecido posible.

Pero en este mundo, nunca hay dos piedras idénticas, así que solo podían intentarlo.

—Eso está fácil, solo que voy a tardar unos días en encontrar un material parecido. ¿Vienes por él en una semana o prefieres que te lo lleve? —le respondió Claudia, aceptando sin dudar.

Sabiendo que sí se podía, Eleonor se sintió aliviada y sonrió.

—Prefiero venir a recogerlo.

Después de eso, fue al laboratorio un rato.

Más tarde, recibió una llamada de Fabián.

—Ellie.

Del otro lado, la voz de Fabián sonaba suave y amigable.

—Sigues viviendo en el departamento de Jardines de Esmeralda, ¿verdad? Más tarde paso por ti.

No podía aceptar que ella se alejara así de él.

Sentía una urgencia tremenda de comprobar que seguía siendo su esposa, la de siempre, la que solía ser tan cercana.

Cenar a solas.

Ir a la subasta.

Eleonor dudó un momento antes de tomar una decisión.

—Mejor dime en qué hotel es la subasta. Cuando termine aquí, paso a la casa, me cambio y voy directo allá.

—Insisto, prefiero pasar por ti a Jardines de Esmeralda.

Fabián sintió alivio al ver que ella seguía dispuesta a acompañarlo a un evento público.

Eso significaba que todavía aceptaba ser la señora Valdés.

Que su matrimonio, al menos, no estaba completamente perdido.

Eleonor ya no discutió.

—Está bien.

Mientras no tuvieran que cenar a solas, lo demás le daba igual.

Al colgar, guardó sus cosas, terminó lo que tenía pendiente y, viendo que ya era hora, arrancó el carro y se fue de regreso a casa.

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