Apenas salió del elevador, Eleonor notó un enorme regalo envuelto con esmero justo en la puerta de su departamento.
Sobre el papel brillante, resaltaba una nota: Para Eleonor.
Sin pensarlo mucho, Eleonor levantó la caja y entró a casa. Al abrirla, encontró un vestido de gala de confección impecable, hecho a la medida.
Sin duda, Fabián era quien lo había enviado.
El vestido era perfecto para una subasta como la de esta noche.
Él había insistido en que asistiera, y, ya que él ponía el vestido, todo le parecía lógico.
Eleonor no dudó en aceptarlo. Se metió al baño, se dio una ducha rápida, se arregló el cabello y se maquilló con discreción. Después, se puso el vestido y bajó.
Un carro negro esperaba afuera del edificio. Fabián, apoyado en la puerta del vehículo, la vio salir y sus ojos se iluminaron por completo. No tardó en soltar un cumplido:
—Definitivamente ese vestido fue hecho para ti.
Acto seguido, abrió la puerta del carro como todo un caballero.
Eleonor subió primero. El diseño del vestido, con una abertura alta en la falda, dejaba ver una franja de piel blanca y luminosa cuando se sentó. Fabián tragó saliva y preguntó, casi en un susurro:
—¿No tienes frío?
Eleonor negó con la cabeza.
—Estoy bien.
En casa y en el edificio había calefacción, y ahora ya estaba dentro del carro.
Sin decir nada, Fabián se quitó el saco y lo colocó con cuidado sobre las piernas de Eleonor.
—En estos días te va a bajar, tienes que cuidarte y mantenerte abrigada.
Eleonor se sorprendió un poco.
No podía explicar qué era diferente en Fabián, pero sí sentía que algo en él había cambiado.
Era como si, por fin, empezara a demostrar preocupación por ella con acciones concretas.
Eleonor sonrió, la voz suave y apenas audible.
—Es la primera vez que me prestas el saco.
La primera vez que hacía algo así, de manera tan directa.
—Antes...
Fabián se quedó callado, sin poder justificar nada.
—Fue mi error, de ahora en adelante...
Mentir era una de las cosas que mejor se le daban.
¿De qué serviría decirle que sí? ¿Para que le regalara otra cosa más y siguieran atorados en lo mismo?
Si iba a perder el tiempo en discusiones, prefería mil veces regresar a la clínica y atender a más pacientes.
Antes de que Fabián pudiera preguntar algo más, el exclusivo carro se detuvo frente al hotel.
Fabián, de facciones marcadas y porte elegante, atrajo varias miradas en cuanto bajó, pero no les prestó atención. Se agachó pacientemente para acomodar la falda de Eleonor mientras ella descendía del carro.
Eleonor no pasó por alto las miradas de envidia de varias chicas de familias importantes.
—Vamos.
Cuando terminó de acomodar el vestido, Fabián le sonrió de forma tranquila y le ofreció el brazo para que lo tomara.
Eleonor bajó la mirada, dudando un instante, pero justo en ese momento un carro deportivo de lujo se detuvo detrás de ellos.
De él bajó Virginia, con un vestido de gala impresionante, caminando con seguridad. Sin perder tiempo, se acercó y se colgó del brazo de Fabián.
—Fabián, vi que en casa quedaba una invitación, así que supuse que era para mí y decidí venir contigo.
Virginia volteó hacia Eleonor con una sonrisa de inocencia fingida.
—Ellie, espero que no te moleste, ¿verdad?

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